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Una Opinión obligada

por Ignacio de Villafañe

     Sería una estupidez no hablar de Chávez esta semana. O más bien escribir: sería una estupidez no escribir sobre Chávez esta semana, porque hablar puede hablarse o no, eso al fin y al cabo es algo que mucho no importa. Escribir es necesario porque, así como esta, hay también otros centenares de notas, seguramente mucho mejor redactadas, dando vueltas alrededor del tema. Ahí están todos con sus estados de facebook y sus tuits llenos de hashtags diciendo que «Adiós a un gran líder. Adiós Hugo Chávez.»  y «Las ideas no se matan #VivaChávezporSiempre». Los diarios, los blogs - este blog -, las radios, los canales de televisión, todos hablan de Chávez y todos ellos con la misma frialdad: hablan de un Chávez que para ellos nunca existió, quizá porque consideren que ahora estando muerto no haga falta despotricar contra sus restos; al antes tirano y sanchopancista simplón hoy se le envían los más sentidos pésames, al antes Señor Exprópiese hoy se lo llama Don Carismático, al hablador del ¿¡por qué no te callas!? hoy lo califican de ávido orador. Aquí y allá los discursos cambian, como si el común de la gente supiera enfrentar cualquier tipo de debate a excepción de aquellos en los que se entremezcla la muerte. «¿Cómo opinar acerca de un difunto?», y entonces todos callan.
     
     La Presidente declara tres días de duelo y luego todos callan. Apenas hay algunas comparaciones bobas - «Cuando fue lo de Once decretó dos días nada más» - pero en general todos callan.  En Venezuela los poderes se confunden, el «Socialismo del s. XXI» se propone, en la práctica, como antítesis del concepto de Estado de Derecho y la Justicia se confunde con el Poder Ejecutivo, y el Poder Ejecutivo ejecuta sobre el Legislativo y sobre todos flota una nube rancia de obediencia militar; todo eso fue obra de Chávez, pero ahora Chávez murió y entonces todos callan. En Venezuela además hay montones de asesinatos cada día, muchos de ellos escalofriantemente brutales; Venezuela es el país de La déCada ganada (con «C» de Chávez), la República Bolivariana de la igualdad recuperada, la Nación feliz - se entiende - de la educación lograda; Venezuela es la pragmatización del latinoamericanismo calletreciano y Calle 13 es la misma banda que escribió «Hay poca educación (...),  cuando se lee poco, se dispara mucho». Venezuela es la alfabetización del 25% y el titular de los 52 asesinatos diarios; y eso fue en el gobierno de Chávez, pero ahora Chávez murió y entonces todos callan.

     Dentro de todo es algo lógico, porque nadie saldría a decir «menos mal que murió Chávez», en parte porque sería una canallada y en parte porque hay además una posible verdad que todos sospechan: que Chávez nunca importó tanto. A fin de cuentas por algo es un tema que no se habla y solamente se escribe: ¿quién sabe tanto de Chávez en efecto? La gente común puede escribir y leer lo que sea, puede perder horas frente al noticiero escuchando la misma primicia una y otra vez, pero cuando habla lo hace sobre lo que le interesa, ¿y a quién le interesa tanto Chávez? «Pero es innegable que fue un líder muy querido y marcó un rumbo ideológico de unidad latinoamericana como ningún otro», cosa que puede ser cierta, pero que no hace a Chávez ser Venezuela y mucho menos viceversa. Y probablemente por eso todos callan - es decir: volviendo a hablar de los medios y su frialdad para tratar el tema; volviendo a hablar de lo que callan -, porque no tengan la menor idea de si vale o no la pena gastar tinta en denostar al sucesor del muerto, o porque no sepan todavía como girar el discurso que culpaba de todo al Comandante regordete y se encuentran a estas horas especulando sobre si el público intelectualoide, lector de diarios de domingo, está preparado o no para entender la naturaleza del conflicto no como el producto de un caudillo caribeño, sino como la consecuencia de un conflicto social mucho más complejo. «¿Querrá nuestro público leer sobre eso?» se preguntan.

     La foto elegida para encabezar esta columna no fue tomada al azar. Es la foto del génesis del chavismo, en contraposición a las imágenes propuestas por Perfil, Clarín, La Nación, Pagina/12 e Infonews (Tiempo Argentino), las de Chávez sonriente, Chávez feliz, «el Chávez que hay que recordar». Quizá Marzo de 2013 sea un mes para reflexionar: los papas abdican, los héroes perecen y las ideas no se matan, cierto, pero cambian. Yo, a costa de eso, me veo obligado a llevar la contra. Obligado a escribir sobre Chávez que es un desperdicio escribir tanto sobre Chávez. Porque él se murió pero ahí esta Venezuela, con el mismo pueblo engolosinado por la prosa antiimperialista y la idea de un nuevo Dios Made in Latinoamérica. El mismo pueblo que acá, ansioso por encandilarse con el cuento de la Patria Grande y los discursos de Izquierda con puñetazos de Derecha. Pueblos que creen compatible la hermandad de las naciones con la doctrina barata del roban pero hacen. Pueblos que no encuentran contradictorio avasallar a minorías con tal de lograr, como sea, su ideal cristiano de amor y solidaridad.

     ¿Qué dejó Chávez, entonces, luego de muerto? Quizá las huellas del nuevo rumbo político que nos tocará atravesar, o la oportunidad abierta a Cristina o a Dilma de tomar el liderazgo regional. Con suerte, Chávez dejará mucho más luego de transcurrido cierto tiempo: un devenir de la historia que más tarde o más temprano habrá de echar luz completa sobre aquellas mayorías, sobre esos cincuenta y cuatro por cientos hiperinoculados con relatos fantásticos de Hugos y Perones y Néstores y Bolívares que jamás fueron realmente imprescindibles y posiblemente mucho menos necesarios.

Falta de convicción

por Ignacio de Villafañe

     Educar no es invertir. Poner en pantalla el fútbol rehusando toda posibilidad de ingreso es invertir. Popularizar la televisión digital es invertir. Subsidiar la mala administración de una linea aérea tendente a la quiebra es invertir. Repartir computadoras con acceso directo a los portales oficiales, montar actos para rebautizar avenidas, centros culturales y colegios con el nombre de Néstor Kirchner, gastar tinta y saliva en convertir en asunto de Estado a los jacarandaes de la 9 de Julio, todo eso, es invertir. Pero educar no es invertir.

     Sería un gran error culpar únicamente al Gobierno Nacional por la cuestión docente en relación a la puja por las paritarias entre los distintos gremios y las administraciones provinciales; estrictamente, Nación ni siquiera es legalmente responsable de lo que cobran lo distintos profesores y maestros, pero políticamente mejor ni hablar. Sólo en Fútbol Para Todos se gastó el año pasado 1.287 millones de pesos del total del que disponía la Nación, en Aerolíneas Argentinas otros 3.845,2 y en Ar-Sat,  la empresa encargada de proveer la Televisión Digital Argentina, 1.999 más. Sumados dan un total de 7131,2 millones de pesos, $594.270.000 mensuales. Si todo ese monto se dividiese entre los 960.000 docentes que enseñan a lo largo de la República quedaría como resultado un total de $7.428,34 anuales para cada docente, $619 mensuales. 

     Ahora bien: $619 quizá suene a poco, pero cuando se habla de salario docente siempre se habla de poco. Para ilustrar lo anterior basta con seguir haciendo cuentas: $619 es el 22% de $2.813,76; 22%, por otro lado, es el aumento con el que el Ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, consideró que los sindicatos se debían conformar; $2.813,76 es - pesos más, pesos menos - el monto del salario básico docente actual, un monto que queda $512 por debajo de la linea de pobreza.

     Los números confunden, mas cuando lo que se discute es si un docente que recién comienza debe ganar más o menos de $5000, o si debe aspirar a ganar como máximo, ya a punto de jubilarse menos de $10000, los números son bastante claros. No es cuestión de indicar qué debe hacerse y qué no, sino de dilucidar cuál es la política que sustenta tan mezquinas decisiones. Para este gobierno, que consiguió destinar un 6% del PBI al área educativa, la educación puede prescindir de los educadores. En el mejor de los casos lo que el gobierno tal vez considera es que sus educadores son lo suficientemente flojos e incapaces como para merecer cobrar un sueldo acorde a la importancia de sus funciones (porque sin dudas un gobierno que destina el 6% a que los argentinos sean educados no interpreta a esta actividad como poco importante). Otra posibilidad es que no en vano esta política se haga llamar siempre nacional y popular pero nunca progresista, y sostenga que educar es agrandar los edificios y repartir computadoras pero no enseñar, que educar es contener y no formar.

     En Argentina hace falta transportistas pero no educadores. Un chofer de colectivo en Mendoza comienza con un sueldo superior a los $6.500; un profesor de nivel secundario cobra al iniciar menos de $5000. Es una cuestión de incentivos y de proyectos de país. El salario promedio en las empresas públicas se encuentra más cercano a los $15.000 a los $10.000; un profesor de nivel secundario cobra al finalizar todavía menos que el último monto. El pueblo no necesita ser educado y por eso es que tampoco hacen falta educadores. Los educandos sobran, eso sí. A ellos gracias es que se vende el discurso de los millones de netbooks, las 1.700 escuelas, la inclusión, el seis por ciento, Paka-Paka y el País con Buena Gente. Sin ellos no existiría el cuento de la maestra que andaba kilómetros para poder dictar clases y hoy camina por un puente, o el juego del Eternauta que vino a salvar a América con su conciencia social y su heroísmo de grupo. No habría ninguna visita a los museos de Evita y a la increíble Tecnópolis.

     No es cuestión de afirmar, insisto, qué debe hacerse y qué no. Pero si de política se trata, es indudable que el compromiso de este gobierno con la educación es más por obligación que por convicción. Mejorar los salarios tal como los gremios lo solicitan - y como el sentido de justicia lo indica - no es un imposible sino una mera cuestión de voluntad. Quizá el costo político de desoír y subestimar a los docentes no sea lo suficientemente alto como para acotar el margen de gastos disponibles para el pan y el circo nuestro de cada día. Lo que queda claro es que si a la educación se le relega alguno de los últimos puestos de la lista de asuntos urgentes, no es por una cuestión de fuerza inevitable sino por mera consecuencia de su auténtica ideología.

El Resto de nuestra Libertad

por Ignacio de Villafañe


     Abordar el problema de la libertad en una nota de apenas mil palabras es casi un acto suicida, en parte por la enormidad del riesgo de no alcanzar a cerrar siquiera la introducción y en parte porque la expresa necesidad de obviar las definiciones a causa de la brevedad que exige el texto dificulta de por sí un análisis profundo de cualquiera sea el tema que se trate. Sin embargo, en tiempos donde la globalización cultural, la esclavización a manos del Gran Imperio, la obligatoriedad de lo diverso, la identificación como obediencia debida, la deconstrucción del lenguaje y la imposición de los relatos (y sus respectivos metarrelatos) están en boca de casi cualquier fulano o mengana con ínfulas de Perón nuevo se vuelve menesteroso replantear el gran problema del Hombre - que es el de la libertad - sea del modo que sea para pensarlo como cuestión nuclear de lo que va a ocurrir: en tiempos así, ¿qué queda para la libertad?

     Tenga lugar una aclaración preliminar: la pregunta ¿qué queda para la libertad? habrá de ser solamente válida en el caso en que todo lo antedicho (la globalización cultural, la esclavización..., etc.) sea efectivamente real. Dicho de otro modo: suponiendo verdadero el paradiscurso oficial, donde se plantea el conflicto entre una enorme maquinaria megacorporativa-multiuniversal, regidora de la razón del hombre, y una única opción como solución posible, "liberadora" - entre comillas gigantes -, nacional y popular que es alzarse como pueblo hecho masa y uno frente a los mayores villanos que el mundo haya podido ver: el otro; suponiendo eso cierto entonces si podría afirmarse que la libertad quedaría sesgada.

     El cristinismo sostiene, cada día con más énfasis, la tesis de la patria grande. Supersticiones. Argumenta, como antes argumentaron otros peronistas de espíritu nacionalista, que sólo con verdadera conciencia argentina y, mejor aún, latinoamericana conseguiremos, finalmente, ver crecer a la República. Soluciones locales a los problemas locales. Aquellos que se creen los dueños del planeta pueden osar ponérsenos en contra pero nosotros, si nos unimos, le mostraremos quién manda y entonces habrá justicia. Aquellos son y fueron nuestros enemigos desde siempre, son el egocentrismo y la deshonestidad de la corona inglesa, y la prepotencia pedante de Estados Unidos de América, son la contracara del mismísimo humanismo y por eso nosotros debemos imitarlos, porque no hay mejor cura frente a un nacionalismo desmedido que otra enorme dosis de nacionalismo. Este gobierno es, por su parte, la institución idónea para llevar a cabo tamaña empresa, porque es también la expresión directa y natural del pueblo - el pueblo-masa, el pueblo-uno - que levanta la voz en este nuevo siglo para decir ¡basta! y reclamar lo que siempre le fue suyo y jamás le permitieron.

     
El nacionalismo proscribe la conciencia individual y la permuta por la colectiva. La libertad del hombre es sustituida por la libertad del pueblo con la particularidad - quizás en términos políticos sea más una ventaja -  de que el pueblo es incapaz de razonar. El pueblo no tiene razón sino expresión de deseo; el ser-individuo razona pero el ser-colectivo no puede más que abogar por una conclusión común que habrá de proyectarse luego mediante el voto popular. En términos cristinistas, es el voto popular el que elige cuál debe ser la cabeza pensante de todo el ser-colectivo. La cabeza piensa, razona, decide y luego el pueblo aprueba o desaprueba, acorde a sus deseos, el razonamiento ya hecho. La libertad del pueblo, en contraposición a la del hombre, es una libertad sujeta; mientras la libertad del hombre consiste en la elección de la posibilidad, la libertad del pueblo se remite a la mera posibilidad de la elección.

     Al otro lado del pueblo están los otros. Los otros carecen de identidad; son lo que no es, porque son el no-pueblo y están determinados en un sentido absoluto. Sobre los otros cae la presión de las multinacionales y las corporaciones. Los grupos económicos definen sus necesidades y gustos y los medios masivos de comunicación se encargan de establecer la sintaxis monocorde de sus ideas. Cuando actúan carecen de humanidad, lo hacen como consecuencia de una serie combinada de patrones egoístas e individualistas tendientes a un único objetivo: la imposición de ellos mismos por sobre los demás. En los otros la libertad está latente pero es sólo potencial. Los otros son víctimas y esclavos de las grandes mentes mundiales que sostienen los hilos del destino y los mueven acorde a sus intereses. Pero aún: siquiera esos grupos económicos y medios de comunicación, siquiera las grandes mentes disfrutan de la libertad porque en realidad están todos sujetos, incluso ellos mismos, al dictamen de sus propios intereses.

     El problema de la libertad en el discurso oficial radica en la subvaloración que se hace de esta. Para el cristinismo el papel de la libertad en el plano de lo social es relativamente menor. La felicidad del hombre es vista como el resultado material de una suma de factores individuales - progreso, seguridad, igualdad frente al otro, justicia social, estima, reconocimiento, poder, etc. - y no como un estado de plenitud del ser. La libertad es prescindible en tanto el hombre-pueblo disponga de todo lo que siendo libre desearía disponer. La libertad, en pocas palabras, para el cristinismo podría no existir. La lucha contra la opresión debe ganarse por el sólo hecho de que como argentinos no fuimos concebidos para ser oprimidos, y  que ya pasados doscientos años es tiempo de que mostremos nuestra superioridad. Esta última oración tiene carácter dogmático: nunca cuestionamos por qué somos lo que somos pero tenemos bien en claro lo que debemos ser. La conciencia del deber, por otro lado, no es casualidad en un movimiento signado por la organización vertical, la inspiración militar - recordar a Montoneros, al General Perón, al Comandante Chávez, los Soldados del Pingüino y a la Jefa - y el culto al combate y la lucha. Un ejército, continuando con el paralelismo, lucha (al menos en teoría) por la libertad pero alcanzada esta su existencia se vuelve innecesaria; cada soldado se somete al deber y renuncia a su condición de libre y se aglomera en el ser-colectivo que es el ejército - comprendido por el mayor ser-colectivo que es la patria - para desarmarse luego de logrado su objetivo. La diferencia entre un ejército y el cristinismo está en que el primero siempre es pensado como medida provisoria - la misma historia ya se encargó de mostrarnos los peligros de que así no fuera - mientras al último se lo concibe como a un proyecto hacia el futuro, de tipo trascendental.

     Queda, a modo de conclusión, la pregunta inicial abierta a la libre interpretación. En tiempos donde lo ya dicho, donde las palabras transmutan su propio nombre y la prioridad es la urgencia del deber: ¿qué queda para la libertad?

Eramos tan argentinos

por Ignacio de Villafañe


     El 24 de Marzo de 2011, a las puertas del Congreso Nacional, entre los festejos por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, cerca de una decena de gigantografías se apostaban luciendo los cuerpos enteros de personajes como Mariano Grondona, Chiche Gelblung o Joaquín Morales Solá. Sobre sus caras, en las imágenes, había dianas dibujadas y salivadas; los niños se acercaban para escupirlas mientras los padres observaban entre risas. 

     Aquel mismo año 2011, casi cuatro meses después -un martes 12 de Julio-, luego de la victoria macrista en las elecciones republicanas por la gobernación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Página/12 publicó una carta de Fito Paez, intitulada "La Mitad", execrando sobre la mitad de la capital porteña que no lo comprendía. Fito continuó actuando en eventos oficiales a cambio de cuantiosas sumas de dinero y a pesar del poco tacto político que su sola imagen implicaba. Se disculpó, vagamente, un tiempo después. Aún hoy sigue siendo uno de los artistas favoritos de las altas cúpulas kirchneristas.

     En Mayo de 2012 el Secretario de Comercio Guillermo Moreno emprendió un amistoso viaje a la República de Angola, presidida por José Eduardo dos Santos desde 1979 hasta la actualidad, para entablar una serie de acuerdos comerciales de manera bilateral. Durante el mismo se entregaron medias con la inscripción "Clarín Miente" a pequeños angoleños de sonrisas grandes y barrigas flacas. Allí en Angola los niños suelen hablar umbundu, kimbundu, kikongo, chokwe, nganguela, kwanyama o portugués, pero no español. Los niños, allí, tampoco suelen usar medias, pero la intención de aquel acto no era, evidentemente, ayudar sino algo más.

     El Calafate, 5 de Enero de 2013; "Una respuesta al actor Ricardo Darín sobre las Declaraciones Juradas de "Los Kirchner" (sic).", carta de la Presidente Sra. Cristina Fernández al Sr. Ricardo Darín. Extracto:
 Usted mismo fue acusado y detenido por un juez en marzo de 1991, por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados. Perdón, no le deseo el mal a nadie, pero menos mal que no estábamos “Los Kirchner” en el gobierno, o hubiera sido considerado una persecución política. ¿Lo recuerda? La verdad yo lo había olvidado, con tantas cosas en la cabeza, pero hoy entré a clarín.com y leí la nota “Un fallo benefició a Darín”.
     Ricardo Darín revelaría más tarde el carácter engañoso de la información brindada por la investidura presidencial, aunque el daño ya había estado hecho.

     El martes 22 de Enero del corriente en distintos lugares de Buenos Aires y Mar del Plata pudieron verse carteles sugiriendo que Jorge Lanata era un mercenario del Jefe de Gobierno Mauricio Macri y el Gobernador Daniel Scioli. No fue esa la primera vez -sí, hasta ahora, la última- que se realizaron ataques anónimos del mismo estilo contra periodistas y personajes abiertamente críticos de la gestión actual del Gobierno Nacional.

     Casi dos años después del primer hecho citado en esta nota, apenas doce días luego del último, litros de tinta se volcarían sobre las hojas de Página/12 para repudiar y minimizar los abucheos a Boudou primero y Kicillof después. Los escraches también serían objeto de análisis peyorativos por parte de Tiempo Argentino y demás radios y revistas y programas de TV afines a la misma concepción de periodismo. En sí un escrache jamás podría considerarse como conducta civilizada, pero lo ocurrido con el Vicepresidente Amado Boudou y el Viceministro Axel Kicillof va más allá de una mera conducta y una mera idea de lo que es la civilización. En sí un escrache jamás podría ser deseable porque, por necesidad, para lo civilizado lo incivilizado jamás podría ser deseable. La cuestión central aquí es preguntarse si es verdad o no que por regla general lo civilizado nunca habrá de desear un escrache.

     El elenco oficial sabe cuándo es conveniente y cuándo no enjugarse la boca con discursos moralistas, entiende perfectamente que no todo fenómeno social merece ser escuchado con la misma oreja y maneja a tal punto el concepto de democracia que hasta es capaz de convencer a toda una horda de idiotas de que no hay nada más democrático que ignorar la voz y el voto de aquellas clases sociales que piensan como los otros -entiendase: bajo el falso disfraz de la lucha de clases divididas según principios económicos se esconde la verdadera clasificación del universo kirchnerista: los que piensan como nosotros (ellos) y los que actúan (y tal vez piensan) como los otros.

     Los escraches deben ser repudiados, es cierto, pero más repudiado debe ser el hecho de que sean necesarios -y hoy lo son-. Cuando la impotencia es lo último que le queda al pueblo frente un circo ambulante de corruptos y ladrones, y el único diálogo posible es el de la confrontación, la bronca se vuelve necesaria. Curiosa diferencia: la agrupación H.I.J.O.S. define "escrachar" como "poner en evidencia, revelar en público, hacer aparecer la cara de una persona que pretende pasar desapercibida"; el oficialismo por su parte, ahora, prefiere decir que "escrachar" es una "gorilada fascista". Quizás haga falta memoria o se haya perdido mucha (¡vaya ironía!) desde aquel 24 de Marzo del año 2011 hasta los días de hoy, porque no caben dudas de que si memoria sobrase el Gobierno Nacional ya habría entendido que la sociedad no comenzó a atacarlo sino más bien a hablarle en el mismo idioma.

El Kirchenrismo no es de Izquierda II

por Ignacio de Villafañe


     La primera vez que escribí una columna con este nombre (ver: El Kirchnerismo no es de Izquierda) la subtitulé, además, "Todos son Batman". Para no ser menos, esta también podría llamarse de diversos modos y "Jamás podré ser Peronista" sería el más indicado. La tesis central del texto que corre surgió a partir del siguiente razonamiento: en un país donde la apariencia avanza por sobre la esencia y las palabras importan más por su música que por su significado, ¿cómo podría ganarse una batalla de ideas?; en un mundillo político donde para tener éxito se puede ser cualquier cosa siempre y cuando peronista, se puede hacer lo que sea siempre y cuando por el líder, ¿qué ventaja otorgaría usar como arma el intelecto?, ¿qué quedaría para los idealistas entre tantos formalistas? ¿y qué si se decidiera que no existe más opción que adecuarse al caso entonces y volverse cuando siempre peronista y siempre y cuando por el líder?

     Analicemos la posible situación: un hombre o mujer que ronda los 30 años, de tendencia predominantemente socialdemócrata, jugando con la idea de afiliarse al Partido Justicialista para alcanzar las altas cumbres del poder y así tomarlo y ejercerlo a su verdadero antojo. Nuestro utópico amigo se encontraría primero con ciertas dificultades, principalmente en materia de principios. En primer lugar, a fin de no levantar sospechas, debería aceptar como justa la posibilidad de que existan hombres y mujeres, en incluso presidentas de repúblicas, poseedores cuantías millonarias de dinero obtenidas a costa de la explotación del capital financiero, como en los casos del mercado de bonos y el inmobiliario. Hecho aquello le sería menester continuar siguiendo a la manada y esgrimir argumentos para justificar la aplicación de todas aquellas leyes de espíritu tripealiancista, el apaleamiento de los pueblos indígenas y la represión y la violencia anti-(pseudo)-terrorista. Su carrera crecería y junto con ella nacería la obligación de compartir bancas con parlamentarios ex-neoliberales, ex-asesinos setentistas, ex-monopoliofilos y hoy (mártires) salvadores de la patria. Pasaría el tiempo y continuaría ascendiendo hasta llegar a los más altos puestos que hubiese podido imaginar; ejercería la administración de distintos ministerios y más tarde se postularía y ganaría su primera elección presidencial. Le llegaría entonces, por fin, el momento de blandir sus más auténticas ideas; saborearía por primera vez la posibilidad real de impartir una verdadera justicia social

     Pensemos entonces en lo que habría de hacer nuestro hombre o mujer de ya 55 años con el bastón en sus manos y la Casa Rosada bajo sus pies. Probablemente observaría a sus funcionarios y se observaría a si mismo, mediría con la vara de la ética socialista los salarios de los médicos, docentes y policías y daría un pésimo ejemplo donando, por decreto, tres cuartas partes del suyo a fundaciones y universidades. Quizá después estudiaría con atención las licitaciones públicas anteriores a su mandato, ordenaría investigar a cada uno de los empresarios y terminaría con todos aquellos inescrupulosamente corruptos, se liberaría de amigos indeseables y trataría a todos como iguales ante la ley. Finalizado lo importante, de seguro continuaría ahondando en los detalles y revisaría, por ejemplo, la corriente situación de los sindicatos y sus líderes, la correspondencia entre la calidad vida de estos últimos y la de aquellos a quienes representan y desterraría, sin mas remedio, a las pequeñas mafias de los organismos gremiales ¡Sálvese él! Porque habría luego de darse cuenta que lo único que hizo fue derribar el andamiaje político que lo sostenía, y que sin peronismo iba a volver a ser nada y su gobierno sufriría el peso de los paros y las marchas fogoneadas ad hoc, y el espaldarazo antipatriótico de todo un partido jamás dispuesto dejarse ver débil.

    El resultado, para finalizar, sería la triste historia de un hombre, de izquierda hasta los tuetanos, que habiendo aceptado el capitalismo más puro y el autoritarismo más asqueroso consiguió alcanzar la meta que deseaba para luego perderla por haber creído, por tan solo un instante, que le estaba permitido defender al pueblo.

     Definitivamente: el Kirchnerismo no es de izquierda.

Demasiado Obnubilada: El síndrome "Trimarco"

por Ignacio de Villafañe

     Resulta difícil hablar de temas que "no corresponden"; temas que el mito popular eleva al rango de "tabú" - rango donde las discusiones se convierten en imposibles y las menciones al respecto en actos de mal gusto - y embarra con sus ideologías mal cimentadas. El caso de Susana Trimarco es emblemático y no hay elogio que no merezca. Del mismo modo es repudiable la persona de cada uno de los funcionarios de la justicia que propiciaron la absolución de  todos los animales que cada día suman a su red de comercio de carne a otras miles de Marita Verón. Aún así, la verdadera causa del problema en este caso no son los jueces, ni tampoco la solución al mismo es el coraje de madres como Susana. Es, también, cierto que sin clientes no hay trata, pero siquiera los clientes son los auténticos victimarios. Culpables son los que utilizan a las mujeres como moneda de cambio, los que las raptan, violan, abortan y exponen luego en tabernas inhumanas. Los culpables son ellos; de ahí en adelante: todos somos responsables.

     La Trata de Personas como problemática social involucra al Estado directamente y, por lo tanto, la participación del Gobierno en la solución de la misma es imprescindible. A pesar de los esfuerzos invaluables que viene realizando Trimarco desde que su hija desapareció, su interpretación del conflicto aún no alcanzó a madurar lo suficiente y yace ahí: rozando lo infantil. Cabe, desde luego, la posibilidad de una estrategia oculta: en política, a veces, parece que todo se trata de saber mentir y en no pelearse con los peces gordos es donde quizá guarde sus últimas esperanzas, como madre, de triunfar en la batalla. Suposiciones más o suposiciones menos, de poco sirve especular en casos como este; el hecho concreto es que Trimarco está enfadada con los ministros de Alperovich y el parlamento de Fernández de Kirchner pero confía ciegamente en ambos mandatarios.

     Una sociedad se nutre de valores y el Estado es, por definición, el proyector de esos valores sobre el plano social; el Gobierno, en contraposición, proyecta el Estado (y con él los valores) sobre el plano real. El Gobierno Nacional, por ejemplo, gastó millones para publicitar el 7D - ese día de diciembre que ni siquiera existió - pero pocos miles de pesos para informar acerca de la trata. Valga mi propia experiencia: el jueves pasado, en un cajón donde habitualmente dejo "archivados" todos los folletos que recibo en la calle y nunca tiro a la basura, encontré 7 publicidades (entre trípticos, panfletos y folletos) sobre la Ley de Medios, el Afsca y el 7D con el sello de Presidencia de la Nación solamente dos referidos a la Trata de Mujeres firmados - mal que a los pseudorevolucionarios les pese - por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Como dije: el Gobierno y sus políticas conforman el reflejo de los valores de nuestra sociedad; y esta es una sociedad que le dedica más tiempo a permitir que la prostitución siga siendo un negocio que a combatirla.

     Hay algo que Susana no ve: el pueblo no elige a los ministros, y cuando define a Alperovich como a un pobre hombre engañado por quienes trabajan para él lo único que hace es pecar por ignorante. De manera similar Susana también pretendió desligarle responsabilidades a la Presidente de la Nación: cargó contra el Congreso diciendo que era una vergüenza hayan estado esperando una orden presidencial para trabajar sobre la ley que hubiera salvado a su hija ¿Es que acaso ella nunca notó que el recurso político más poderoso del que Cristina Fernández se vale es su control sobre los órganos legislativos? ¿Es que es incapaz de comprender a Diana Conti, o a los muchachos camporistas, cuando explican que este Proyecto Nacional se basa en Cristina, y que la única capaz de gobernar este país es Cristina y que Cristina todo lo demás? ¿Es que tampoco entendió la filosofía de Ernesto Laclau? Hay una única razón por la que las mujeres siguen siendo explotadas impunemente y es que, hasta ahora, a nadie le pareció un tema lo suficientemente importante como para pensar en él.

      Lo cierto es que luchar contra la trata no solamente es costoso en términos económicos sino también políticos. El Gobierno tiene funcionarios, policías, ministros, jueces y amigos involucrados, y a todos ellos prefiere tenerlos a favor antes que en contra. Con o sin ley, el fin de la trata es un objetivo difícil de alcanzar y allí donde los objetivos no se alcanzan no hay logros que adjudicarse, ni propagandas con las que lavar cerebros durante los entretiempos de los partidos de fútbol. Para este Gobierno los Derechos Humanos existen en tanto les dejen Rédito Político. Por eso es que ocurre lo que ocurre: la gente desaparece, muere de hambre, las mujeres son violadas, pero ellos mientras tanto bajan cuadros y gastan millones televisando deportes, armando megafestivales y produciendo películas para mostrar como bajan cuadros.

     Obnubilada o no, a Susana, sin dudas, se la deberá perdonar dicha ignorancia. Uno que es incapaz de entender todo aquello por lo que pasó esa mujer debe también considerarse incapaz de juzgarla. Nosotros, por otro lado, que hemos llorado mucho menos y vivido mucho más - pues ella perdió vida con los años - no nos podemos dar el lujo de entender a medias tintas y si algo de dignidad nos queda deberemos utilizarla para decir "¡Basta! ¡Basta de Gobiernos que no saben decir 'Basta'! ¡Basta de impunidad! ¡Basta de dinero mal gastado! ¡Basta de políticos corruptos! ¡Y basta de maltratos, porque todos somos hombres y mujeres y merecemos ser respetados, sin importar a quién hayamos votado!". Y entonces luego haremos lo que tanto nos falta: actuar, sin aguardar hasta ser escuchados.

Kirchnerismo: Modelo de opresión y pobreza


por Ignacio de Villafañe

    Hay en cada dogma kirchnerista una verdad retorcida, un manoseo de la realidad que expone - sólo a quién quiere ver - el completo desinterés que el "modelo" presenta por la cuestión social. Cada frase, cada canto y cada videocatequesis publicada en los entretiempos de Fútbol Para Todos forma parte de una psicópata estrategia de manipulación de la opinión pública. 

     No hay mucho que analizar: Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania Nazi, emprendió en 1933 un programa social que consistió en otorgar al pueblo alemán radios diseñadas para dificultar la recepción de cualquier otra señal que no fuera afín a las ideas del partido nacional. Dicho dato es ya harto conocido. El programa, denominado inicialmente Volksempfänger (en alemán "receptor del pueblo"), jamás se dio a conocer como lo que realmente era - un plan meticulosamente diseñado para extender los brazos del poder político sobre la opinión pública -; en cambio, fue ejecutado y llevado adelante bajo el pretexto de darle la oportunidad al público en general de tener acceso a un aparato para escuchar radio. "Volksempfänger" podría haberse intitulado esta nota; "Escúchese lo que decimos y no se oiga nada más" habría sido un sincero eslogan.

   Cuando este 14 de Noviembre la Presidente dijo sentirse "orgullosa de ser parte de esa formidable clase media argentina" obvió, a propósito, varios puntos de análisis importantes. Dejaré de lado la discusión infantil acerca de si Cristina Fernández de Kirchner, la exitosa abogada sin título con un patrimonio más cercano a los $100.000.000 que al sueldo de un docente - a pesar de no ser estrictamente correcto comparar patrimonios con salarios -, forma parte de esa clase formidable o no. (De más esta decir que la respuesta es "no".) Lo que la mandataria obvió, a propósito, fue su propio discurso acerca del análisis de discurso. Estos revolucionarios de sillón  se la pasan filosofando en torno a la premisa de que "los medios de comunicación mienten", pero nunca reflexionan acerca de qué es un medio de comunicación. En efecto, jamás pusieron en duda el informe del Banco Mundial y ni hablar de la cantidad de veces que tampoco cuestionaron los informes oficiales, como si los gobiernos, a lo largo de la historia, se hayan caracterizado por decir siempre la verdad.


     Atrás de la gloriosa recuperación de la clase media nac&pop está el fantasma que el oficialismo pretende pasar por alto. Del total de los argentinos sólo el 46% pertenece a la clase media, después hay un 3% que comprende a las élites o clases altas, y el 51% restante queda para los sectores pobres y vulnerables. Jugar a hacerse el estúpido con estos números es, cuanto menos, una actitud propia de cínicos. Hablar de Derechos Humanos y festejar cuando queda al desnudo tan injusta verdad es una hipocresía absoluta ¿Por qué? Porque indirectamente se están diciendo dos cosas: por un lado, que menos de la mitad de los argentinos está siendo sostenida por la otra más de la mitad; por otro, que la democracia tiene menos de democracia de lo que dicen los libros.

     Lo que falta de un lado, sobra del otro. En esta Argentina progresista e igualitaria todavía son las mayorías las que sostienen a las minorías. En 10 años de gobierno - de 3 consecutivos gobiernos - de izquierda de mentira, el esquema capitalista sigue vigente y, aun más, en términos peores. Se revela ahora que la magnífica recuperación del consumo no fue tan "para todos" como se decía. Es que el crecimiento de las grandes urbes se explica mejor con la pobreza del Chaco, el con-urbano mendocino o La Matanza que con una película de Néstor diciéndole a una claque fanática "vengo a proponer un sueño".

     Se dice "plutocracia". Se escribe "oligarquía". El término "plutocracia" hace referencia a la preponderancia de las clases altas dentro del gobierno de un Estado. La palabra "oligarquía" es más conocida y significa "gobierno de pocos". Partiendo del hecho de que nuestra excelentísima Presidente no pertenece a clase media alguna y de que lo mismo ocurre con los integrantes de las altas cúpulas oficialistas, podría concluirse que la gran mayoría de quienes nos gobiernan representan a un minoritario 3% del pueblo argentino. Siguiendo el análisis clasista que tanto Sergio Spolsky (Tiempo Argentino, CN23) como Diego Gvirtz (678) hacen de la actualidad político-social, tal conclusión no estaría tan desacertada. Entiéndase entonces: quienes ejercen el poder sobre las mayorías en Argentina, pertencen a los sectores más minoritarios de la sociedad; estamos siendo gobernados por un mezquino 3% que, no por casualidad, sostiene hoy un modelo de país donde, cómo ya se dijo lineas arriba, un 51% de argentinos - ¡más de veinte millones de argentinos! - se encuentran excluidos del sistema.

     Los dogmas se están. Quién quiera seguir creyendo: que crea.