por Ignacio de Villafañe
El pasado 25 de Mayo se cumplieron 203 años desde que se
produjo aquella famosa revolución en la plaza frente al Cabildo con las
empanadas calientes, los paraguas que nunca existieron y esos French y Beruti
repartiendo cintas argentinas, coloradas o amarillas según quién sea el
historiador que lo cuente. Se gastaron más de $2.700.000 para financiar un acto
donde Fito Páez dio a entender que Patria Grande es Venezuela - no una
pluralidad de voces de la enorme América, sino la exclusiva representatividad
de Venezuela -, y Cristina Fernández interpretó un monólogo de 4.052 palabras,
de las cuales 560 se refirieron al motivo del acto, y sólo 3.485 hablaron de la
Década Ganada.
"La patria
es el otro" decía la Presidente, entre un párrafo que elogiaba las
características humanitarias de su ganada década, y otro que realzaba la
rectitud ética de su militante aversión al odio. "La patria es el otro, la
patria es el otro. Es el que todavía no ha podido conseguir trabajo o que
consiguiéndolo no está registrado. Es el que todavía (...) trabaja para
conseguir su casa propia. El otro es es ese joven que tal vez no puede estudiar
todavía porque tiene que trabajar". O sea: La patria es el orto. Es el
laburo en negro, el encarecimiento de la vivienda, el déficit educativo. La
patria es el orto y ya llevamos diez años de hacer demasiada patria.
Coreográficamente
y sin perder nada de tiempo Carta Abierta - el espacio comandado por González,
Verbitsky, Feinmann, Laclau y Forster entre otros - publicó su Carta Abierta N°
13: "Los Justos". Con intelectualidad cuestionable, las grandes
mentes kirchneristas elaboraron un texto dedicado al nuevo superstar golpista,
Jorge Lanata. "Comenzamos esta carta –que a la vez es un llamado– con la
fácil comprobación de cómo (...) con menos pruebas que arietes dirigidos a
mansalva, ausentes los fundamentos del uso de la prueba, la investigación, el
juicio sobre las leyes y el mismo andamiaje legal del país, se considera todo
ello - [los cambios que implican que por primera vez en la historia nacional se
discutan aspectos de la organización del Estado y la sociedad, de la Justicia y
los medios de comunicación, con sentido emancipador y no restrictivo o portador
de coerciones; y el darle a la idea de justicia una dimensión que logre
articular lo que siempre fue prolijamente separado por los poderes económicos:
la libertad y la igualdad] - fruto de un espíritu despótico, de jefes políticos
que se prepararon toda una vida para llegar a la función pública mandando
agrandar los cofres familiares mientras pronunciaban palabras como impuesto a
la renta agraria o asignación universal por hijo."
Es decir: para
este grupo de "intelectuales" - entre comillas, porque quien
subordina la verdad a los caprichos de un partido no debería considerarse como
tal - no sólo es poco inteligente criticar la corrupción que parasita entre los
pasillos del universo político, sino que ya es estúpido de por sí creer que
pueden existir políticos corruptos. Como si pensar en la posibilidad de que un
hombre mienta, conspire y transmita a los demás una falsa imagen de sí mismo
sólo para ganar poder y dinero fuera infantil y fantástico. Quizá por eso desde
el oficialismo aseguran que se equivocan los que dicen que la ley de Blanqueo
de Capitales es una "ley del Choreo". Ni en Argentina ni en el resto
del planeta existen semejantes corruptos. O al menos eso sugiere la eminente
Carta Abierta.
Después de todo
el circo vino el prime time vedettista. Empezó primero (y según lo prometido)
el plan Ropa Para Todos, un proyecto de Moreno para vender, ahora entrando el
invierno, conjuntos a precio estándar de temporada de verano. A eso se le sumó
el intento sorpresa de trasladar la estatua de Colón desde el parque frente a
Casa Rosada hasta algún rincón costero en Mar del Plata. Parece que a la
fashion victim de la moda occidental - entiéndase: CFK - ahora se le dio otra vez
por caerle bien a la gilada jugando a renegar de su origen europeo. En fin:
ahora quieren trasladar monumentos a la playa mientras a los qom los siguen
moliendo a palos en Formosa, pretenden tapar con relato la realidad que los
molesta. Pero "la patria es el otro".
A la seguidilla
de inconsistencias se le agregaron además tres nuevas apariciones cristinistas.
Una para hablar otra vez acerca de su década ganada, en esta oportunidad en
materia de cultura. Otra para lanzar el plan "Mirar para cuidar", un
programa en el que la Nación financia a la militancia peronista para que vaya a
los supermercados a instalar en el discurso público que los precios "están
siendo cuidados". Y la tercera para desligarse de responsabilidades,
acusando a los gobiernos provinciales de no invertir suficiente en seguridad
pero reconociendo que para construir un parque en un municipio - o pavimentar
una calle o colocar luminarias - la plata tiene que ser bajada directamente
desde Nación.
De los tres
discursos el más interesante resultó ser el último, que fue pronunciado el
pasado jueves en Lomas de Zamora. Fue interesante por dos motivos: expuso a la
luz la concepción unitaria de administración que tiene este gobierno - las
obras públicas en los distritos municipales las debe construir el poder
centralizado de la Nación - y el modo represor con que considera que se debe
hacer seguridad. Cristina le dijo a Scioli - a quién ni siquiera saludó por su
nombre estando allí presente - sin mirarlo, que "se haga cargo" porque
no le parecía justo (a la Presidente) "que las decisiones o los controles
que se hacen a nivel provincial, si no se hacen bien, luego lo tengan que pagar
los intendentes". Implícitamente estaba afirmando que las obras públicas,
la inversión en infraestructura y la instalación del espacio público como
ámbito comunitario y socializador no hacen a la seguridad - pues esos son
asuntos de la Nación, según cuenta Cristina, y la Nación sobre temas de
seguridad no debe hacerse responsable, según cuenta Cristina, y de todo ello se
desprende que a la seguridad sólo la hacen los palos de los policías, que sí
son competencia del Gobernador de la Provincia tenga o no, valga la aclaración,
el flujo de efectivo que desde Casa Rosada debe administrársele.
En fin: la patria
es el orto. Es el gordo de Lanata, que ahora se tornó objeto de estudio de las
más altas esferas intelectuales del país. Es el puto de Scioli, que encima de
tener a la Nación en contra no hace nada de lo que le corresponde. Es el
genocida de Colón, que al parecer es menos genocida en Mar del Plata que en la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
"La patria
es la culpa del otro". Difícilmente nos quede mucho por delante cuando los
que dirigen tienen en la cabeza ese modelo de patria.

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