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Las cosas por su nombre: Se dice «saqueo»



     La historia comenzó con un grupo de policías acuartelado en la ciudad de Córdoba y una zona liberada a la merced de las oleadas villeras de la tierra del cuarteto y el vino con coca-cola. La historia comenzó con un reclamo de aumento salarial, con un De la Sota gestionando vía twitter, y terminó con choreos de televisores 3D por todo lo extenso del país, discusiones estériles en torno al correcto uso del adjetivo "negro" y una presidente sugiriendo, frente a una multitud reunida en Plaza de Mayo, que siempre hay saqueos en diciembre. La historia desembocó, como toda historia, en la exposición desnuda de lo que el presente es. En la historia hubo manifestaciones egoístas, mezquindades políticas, muertos, robos a mano armada, oleadas de saqueos, paranoia de saqueos, amenazas de saqueos, intentos de saqueos, saqueos de verdad y un 30° aniversario y un acto en conmemoración a una palabra que a nadie le importa, (que a todos les chupa un huevo).

     Si hay algo irrefutable de los saqueos es su pertenencia al campo de la realidad. Los saqueos existen. Ahí están. Poco importa si son el producto de la espontaneidad o el buen trabajo de punteros (¿peronistas?) que envían, con éxito, a sus muchachos a generar conmoción en las urbes. Es más: de seguro hay atrás de todo el caos pequeños intentos de duhaldes, alimentando con nafta el fuego. Pero el hecho es que los saqueos están. El hecho es que hay una horda de saqueadores, una gran porción de la torta social, un montón de argentinos, de buenas gentes, dispuestos a hacer caso, a escuchar a los duhaldes y a salir a robar. La Democracia también termina siendo eso.


     Ante la verdad - la única, la realidad - los laberintos de discursos se bifurcan. El gorilaje sale esperanzado a intentar sacar ventaja de los afanos, como si alguna conexión ideológica pudieran tener los viejos actores del 8 de noviembre de 2012 con estos nuevos de diciembre de este año. El kirchnerismo acusa mientras tanto a los grandes operadores, los instrumentadores, de ser contrarios a la voluntad del pueblo y desligan a la la líder responsabilizando del desastre a las provincias, a pesar del tamaño netamente nacional cobrado por el conflicto. La líder, por su parte, dio también sus notas de color - rescatadas por Infonews - con frases como "He decidido (...) no hacer una cadena nacional ¿Para qué? Para permitir que democráticamente algún canal corte la pantalla...", o "No creo en las casualidades. Tampoco creo en los hechos que se producen por contagio. Algunas cosas que pasan en determinadas fechas son por planificación y ejecución con precisión quirúrgica".


     Con respecto a los dichos de la Jefa surgen preguntas al margen: ¿Es que CFK considera en algún sentido que las cadenas nacionales - desde luego, al modo en que Ella concibe las cadenas nacionales - tienen cierto carácter antidemocrático? ¿Por qué entonces, si no fuera así, calificaría como "democrático" al efecto causado por la no utilización de la Cadena Nacional? Además: ¿Realmente la versión oficial acerca de los saqueos es que son solamente, únicamente, no otra cosa más que una mera situación orquestada por una corporación conspiradora y psicópata? Hubo 8 muertos ¿Y la única teoría presidencial que intenta explicarlas sostiene que el problema como tal no existe? Las primeras dos sobrepasan los márgenes de esta nota - pero eran lo suficientemente curiosas como para, por lo menos, mencionarlas -. Las segundas dos tienen una sola respuesta: CFK piensa seguir andando con la venda puesta.


     Pero lo indudable es que los saqueos están. Está la inflación, el atraso salarial, la inseguridad. Está la intención política tirando de los hilos, sin duda alguna. Está la política. Eso es lo que pasa: está la política.Con 30 años de Democracia, el que haya política, no debería causar ninguna sorpresa. No ocurre lo mismo con lo demás, porque sí debería causar sorpresa la crisis económica que el país está atravesando, la misma que el gobierno ignora. Una bomba no estalla porque uno le dice que explote; a la bomba primero hay que activarla. Si el oficialismo lo único que va a decir es que atrás de los conflictos hay terroristas coordinando el estallido de las bombas, es porque no quiere reconocer que fue él mismo - el gobierno mismo - el que las activó con su irresponsabilidad política, su cortoplacismo improvisador y su negación de la realidad constante.


     Hay saqueos. Hay crisis. Hay empleados estatales - esta vez fue el turno de los policías - que lo único que reclaman es un salario pagado como la ley lo indica, no en negro, y acorde al monto por el cual se estima ronda la canasta básica. Hay malestar social. Lo único que no hay, al menos por ahora, es una respuesta coherente de parte del Estado.

Cosas que no van a cambiar II (Continuación)


     El «kirchnerismo» siempre fue «kirchnerismo», a pesar de haberse contradicho a si mismo en tanto «kirchnerismo» o en tanto «justicialismo» o, en tanto lo último, en tanto «duhaldismo», «menemismo», «lopezrreguismo», «peronismo», «camporismo», «peronismo»..., siempre fue «kirchnerismo». Así es como decía entonces, días atrás, en la nota titulada «Cosas que no van a cambiar I». Lo que sigue no es más que la continuación de dicha nota.

     La idea central de la nota anterior era que, sin importar cuantos cambios haya hecho CFK luego de su regreso a la vida política, nada iba a cambiar dentro del kirchnerismo. La idea se mantiene firme, exactamente igual, hoy, a más de dos semanas de haber sido formulada. 

     El fin del reposo - vale hacer memoria - se dio un 18 de noviembre. Fue luego de la derrota electoral no reconocida como tal por el arco kirchnerista, inflaciones negadas, tragedias múltiples en el Sarmiento y una irrumpida - a causa de la enfermedad de la mandataria - serie de entrevistas al estilo «Sepa todo lo que siempre quiso saber de la luchadora, solidaria, humilde y honesta presidenta de la República Argentina». 

     Fue un reposo - y un fin del reposo - luego de unos resultados electorales extraños, que demostraron que las marchas del 13S y el 8N, en fin, las protestas encabezadas por esos grupos sociales entonces denostados de viejas paquetas, de caceroludos y de hombres-dólar tuvieron efecto. Resultados electorales que expusieron a la luz cómo el glorioso 54% estaba compuesto en gran parte por, (ni más ni menos que), todos esos grupos sociales entonces denostados, esos caceroludos calificados como «oligarcas», «vendepatrias» y  «gorilas». Es decir: resultados que demostraron que: o bien el kirchnerismo llegó al poder gracias al apoyo de una oligarquía gorila vendepatria, o bien la representación democrática de las mayorías que se arroga el kirchnerismo fue siempre una ficción. (Recordemos a Néstor asumiendo el poder con solamente un 20% de los votos.)

     Entonces CFK volvió luego de haber dejado la turbulencia de su Reino-Estado en stand-by. Llegó «para poner orden». Entiéndase la importancia de esta idea de «poner orden». CFK llega para poner orden en un país donde, según el relato oficial, nunca hubo «desorden». Llega para ordenar lo ordenado. Llega para continuar, no para virar la dirección tomada.

     El kirchnerismo, como en general el peronismo, no debe fidelidad a ligaduras ideológicas. El peronismo no tiene ideologías; el kirchnerismo no es una excepción.  Moreno se va. Capitanich entra. Kicillof asciende. Todo se sucede de un modo que indiferentemente podría haber ocurrido antes o podría ocurrir en un futuro; o podría ocurrir ahora - como en efecto ocurre - sin que el resultado sufra variación alguna. Esto es así porque ni el atraso cambiario, ni el alto nivel de subsidios, ni el consumo interno - ficticio, porque en realidad es un consumo interno dependiente de la importación - fueron el resultado de la aplicación de un proyecto ideológico, sino más bien la consecuencia de un proceder patológico incapaz de asumir costos políticos e inútil para generar recursos propios.

     Desglosando: el kirchnerismo es incapaz de asumir costos políticos, razón por la cual a) disfraza la inflación con aumento ficticio del consumo interno, en lugar de frenar la depreciación de la moneda, pagando las consecuencias de terminar la fiesta (de algunos) del comercio exterior, b) mantiene vigentes subsidios injustos - subsidios a los ricos - como en el caso del gas y la electricidad; y el kirchnerismo es inútil para generar recursos propios, razón por la cual a) se vale de esa gran militancia rentada y b) mantiene el mismo nivel deficiencia estructural en materia energética, industrial, impositiva y administrativa en general. 

     Desglosando y sintetizando: el kirchnerismo fue, es y será cortoplacismo. Por eso no importa cuantos cambios se hagan en el gabinete. El kirchnerismo no está hecho de ideas, no está hecho de personas y no está hecho de kírchneres. El kirchnerismo está hecho de un hacerse a sí mismo sobre la marcha. Esa es la mayor garantía del no-cambio.

Cosas que no van a cambiar I



     Sea cual sea el año que venga, no importa: la política que caracteriza al gobierno de Cristina de Kirchner - esa cosa conocida como «kirchnerismo» - no va a cambiar. Aún cuando ocurra Moreno y Abal Medina y Marcó del Pont y Capitanich y Kicillof (y cuantos sean), esa cosa no va a cambiar.

     Es decir: abajo las esperanzas para todos aquellos que anhelaban con un período 2014-2015 menos turbulento, menos «kirchnerista» quizás, y abajo las esperanzas para todos aquellos que esperaban no tener que festejar en las próximas elecciones otra vez un triunfo de la Antártida.


     No va a cambiar por tres motivos - que podrían ser más, pero que por cuestiones prácticas aquí se van a reducir a tres -: en primer lugar, el «kirchnerismo» no nació con ninguno de los personajes nombrados, por lo que no hay razones fuertes para suponer que debería morir con alguno de ellos; en segundo lugar, el «kirchnerismo» siempre fue «kirchnerismo», a pesar de haberse contradicho a si mismo en tanto «kirchnerismo» o en tanto «justicialismo» o, en tanto lo último, en tanto «duhaldismo», «menemismo», «lopezrreguismo», «peronismo», «camporismo», «peronismo»..., siempre fue «kirchnerismo»; y en tercer (y último) lugar, nadie sabe qué es el «kirchnerismo», y eso, apuesto yo, va a seguir siendo así por un buen tiempo.

     Paso por paso. La primera de las razones (las otras dos serán tratadas en notas aparte):

     El «kirchnerismo» nació sin ellos. Dejemos a Marcó del Pont y a Abal Medina de lado. Poco importan (porque siempre importaron poco). Dejemos incluso a Kicillof de lado: de él no se podrá esperar más que noticias revolucionarias, como la revolucionaria venta de una YPF cincuentaporciento-recuperada a la patriótica Chevron, o la progresista erradicación de la pobreza vía inflación (¿o no funcionaba así?). Dicho de otro modo: de Kicillof podría hablarse, pero demasiado, así que dejémoslo de lado. Quedémonos solamente con Capitanich y Moreno. O descartemos a Capitanich: Capitanich es Menem y Capitanich es Duhalde; él es lo que sea: un «Señor Perón». Y va a ser Kirchner. Si Capitanich llega, no es para cambiar las cosas (o sí, pero al modo en que cambian esas cosas: siendo siempre peronistas).

     Así que nos queda Moreno. Moreno es (fue) INDEC...

     *(Aquí hago una aclaración que bien podría haber hecho antes: por «nacer con» no hago referencia a si el personaje estaba allí o no estaba allí cuando el «kirchnerismo» nació. No. Se trata más bien de un nacer con en el sentido de un nacer gracias a o un nacer a partir de. Con «el kirchnerismo nació sin ellos» quiero decir que ninguno de los personajes nombrados fue condición necesaria para el nacimiento del «kirchnerismo»; nada más.)

    De modo que Moreno fue INDEC. Moreno fue al «kirchnerismo» lo que es la cirugía a Mirtha Legrand, el color verde a la Coca-Cola life, los mensajes de apoyo del público a 678. Moreno fue maquillaje. Moreno fue el capitán del barco en medio de la tormenta, en una metáfora donde el país es el barco, y el «kirchnerismo» la tormenta (una tormenta anómala, desplegada en cubierta, borda adentro). Moreno fue indudablemente necesario para lo que es ahora el «kirchnerismo» de hoy. Moreno fue una pieza esencial. Pero Moreno no fue más que el abatidor de las abatidas kirchneristas. Fue maquillaje - y atrás del maquillaje la cara sigue estando, siempre -. Si Moreno se va, el «kirchnerismo» seguirá estando. 

     Todo eso en primer lugar. Todo eso, en otras palabras, sería: a pesar de los cambios nada cambiará. El «kirchnerismo» seguirá siendo «kirchnerismo». Sobre lo que respecta a cuánto puede comprender el «kirchnerismo» - o cuáles son los límites del mismo -, y qué puede entenderse por «kirchnerismo», a modo de concebirlo como posible en el futuro, se escribirá en la segunda parte.

     La segunda parte será publicada más adelante.

¿Qué era eso del «Kirchnerismo»?

     
     Disimuladamente y con la mayor naturalidad posible, diputados por aquí, senadores por allá, van formando fila en Tigre con los labios jugosos y listos para besar. En la casa de Massa el timbre no deja de escucharse. De a uno van pasando ansiosos los otrora revolucionarios frentistas-para-la-victoria, hoy pintores de culos con rouge de la vanguardia.

     Alguien debería preguntarse si es todo ello materia de sorpresa. Yo creo que no. Sorpresa debería causar ver como la misma Implacable Sociedad Argentina que no hace mucho andaba por las calles exigiendo que se vayan todos, ahora contempla con indiferencia cómo de vuelta los altos palcos políticos se llenan de corruptos, vividores, mentirosos y politituristas - término que tarde o temprano sería bueno acuñar para definir a esos especímenes tan autóctonos de los partidos personalistas, de alta laxitud ideológica y bajo contenido de escrúpulos.

     La pregunta a venir, a escucharse repetidas veces durante la próxima década ganada será una muestra más de nuestra capacidad de olvido - contradictoria para un país que en boca de su gobierno actual se muestra tan apentente de memoria -. ¿Qué era eso del kirchnerismo? dirán los aníbales fernández, los danieles scioli, los martines insaurralde. La pregunta tiene un tinte surrealista: un abandono del tiempo, un dejo de irrealidad ¿Pero no es lógico suponer que los mismos que hoy se autodenominan revolucionarios - mientras fogonean un modelo económico basado en la inflación y el capitalismo de amigos - y se autodenominan progresistas - mientras las villas continúan creciendo y la sangre y las balas no paran de correr -, mañana no tengan el menor problema en volver a contradecirse? ¿No es posible concebir que los autores de preguntas como «¿qué era eso de admirar el socialismo nacional de Mussolini?», «¿qué era eso de la Triple A?» o «¿qué era eso del menemismo?» puedan preguntar en un futuro 2015 «¿qué era eso del kirchnerismo?» sin hacerse ni mínimamente responsables?

     Las PASO desconcertaron a muchos. Ninguno de lo perdedores puede vaticinarse un alza en los resultados de Octubre. Los pocos kirchneristas auténticos que quedan saben que su única chance de conseguir un carguito para continuar viviendo a expensas del Estado es postulándose como candidatos en Base Marambio, Antártida. Otra opción es llevar la propuesta de nuestro exitoso Proyecto Nacional y Popular a países necesitados como Australia o Canadá. Pero saben que ningún caso podrán captar más de tres votos.

     Mientras tanto, Padilla - Marcelo Padilla, el bolche del diario menos bolche de la provincia - publica en MDZ una columna hablando de un kirchnerismo de izquierda, nacional, popular y democrático que, afirma, en Mendoza no tiene ni fuerza política ni estructura que lo represente. Tal vez a Padilla no le llega todavía el telegrama de la Junta Nacional Electoral, pero los resultados de las últimas elecciones en Agosto no hicieron más que decir el kirchnerismo no es de izquierda... Algo que a fuerza de notas en esta misma página me he cansado de decir.

     El kirchnerismo es personalismo puro. Es imagen, sin contenido. El kirchnerismo es ex-menemismo, ex-lopezreguismo, ex-peronismo. Es lo que sea que quiera el pueblo. Es circo cuando el pueblo quiere circo. Es sexo cuando el pueblo quiere sexo. Y si el pueblo quiere pan, es pan. Y hoy el pueblo quiere ex-kirchnerismo, por eso no son tontos los aníbales, los danieles y martines. Al fin y al cabo: ¿qué era eso del kirchnerismo?

No saber perder

     Las elecciones no siempre son elecciones. Más de una vez se aplica en la vida esa desgastada frase de "no todo es lo que parece". Los triunfos electorales hablan más sobre el pasado que sobre aquello que puede venir - los triunfos se deben a algo que el pueblo eligió, y "eligió" está conjugado en pretérito -. También las sonrisas después de la tormenta a veces se corresponden con las posibles futuras tormentas - o el posible futuro, en general - que con el desastre acabado de ocurrir.

     En este momento, a las veintiún horas y veinte minutos del lunes, la versión en línea del diario independiente Página/12 muestra como última y primera noticia a Insaurralde diciendo orgulloso "vamos a recorrer con mucha fuerza la provincia". En 678 dicen que estas elecciones solamente fueron unas PASO (sin verdadera importancia). En la cuenta oficial de Twitter de Cristina Fernández de Kirchner no hay publicaciones desde el diez de agosto. 

     Ellos se auto-convencen llamando a Massa "Candidato de Clarín". UNEN también es para ellos el "Partido de Clarín" - y si no fueran tan centralistas y se interesaran más por el Interior Federal, hasta dirían que Nicolás Del Caño y todo el Frente de Izquierda obtuvieron los resultados que obtuvieron por ser "Amigos de Clarín". Porque para ellos no hay derrota sino conspiración eventualmente triunfante. -. Es decir: ellos dicen que los otros ganaron gracias a Clarín.

     La idea del Interior Federal - en contraposición al Epicentro Unitario - no está traída por azar: los resultados se dividieron en dos y de modo acorde a dicha dualidad. Así, hubo una campaña que fue la nacional, donde Mendoza eligió legisladores, y Córdoba eligió legisladores, y Misiones y San Luis y etcétera eligieron legisladores. Y hubo otra campaña, que fue la de Cristina, donde la Presidente apostó por Insaurralde y una que otra ficha por Filmus, eligiendo legisladores para Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires.
 
     Lo interesante de la derrota de Martín Insaurralde - que es el resultado del Epicentro Unitario - es que es, si no la derrota de Cristina Fernández, cuando menos la derrota de las multi-cadenas nacionales con Ella hablando e Insaurralde figurando. Es cuando menos la derrota de las giras internacionales con el Papa saludando e Insaurralde figurando. Es la muerte del kirchnerismo. La apuesta de Cristina, derrotada. El fracaso del relato.

     Lo interesante del triunfo de la oposición - entendida en su sentido complejo, como conjunto heterogéneo de fuerzas no-gobernantes - es que demuestra que hay otra Argentina además de Buenos Aires. Hay un Interior Federal, independiente de la simplificación esquemática que pretende imponer el Gobierno.

     Pero lo más interesante de todo, es que ante tantos triunfos ajenos y tantas derrotas propias, igual dijeron ganar ¿Por qué? Quizá porque todavía pueden. No hay que olvidar que aún manteniéndose estos resultados, el kirchnerismo seguirá manteniéndose fuerte en el Congreso: las elecciones de 2009 fueron muy malas para CFK - dichas elecciones fueron las que pusieron como legisladores a los representantes que este año renuevan cargo -, y que mejorar los números de aquel entonces, aún obteniendo bajos porcentajes de electores, no debería ser tarea difícil.
  
     De modo que más allá de lo simbólico, después de Octubre, de mantenerse estos resultados, no habrá en la Política Argentina grandes cambios. El kirchnerismo seguirá teniendo una fuerza tiránica en el Congreso. La diferencia será que ahora lo hará en conjunto con una moral hecha pedazos.

     En fin: el kirchnerismo festeja porque puede. Lo que debería preguntarse, es si debe. Y es que comenzaron los años de su desgaste. Esa fuerza que en un inicio fue peronismo y luego menemismo, hoy cuenta los días para devenir en massismo. Dependerá de la capacidad que tenga de adaptarse a su propia evolución - capacidad, por cierto, característica de toda invención justicialista - en suma con la capacidad que adquiera el pueblo de comenzar a elegir como sujetos históricos - cosa que apenas pudo vislumbrarse en los sufragios del domingo -, que en 2015 tengamos un nuevo personalismo, esta vez con nombre de Intendente de Tigre, o una propuesta superadora, verdaderamente nueva, encausando la Nación.
     

Campaña para todos

"Debe cuidar mucho de ser circunspecto,
para que (...) tanto viéndole, como oyéndole,
le crean enteramente lleno de buena fe,
entereza, humanidad, caridad y religión."
El Príncipe, Cap. XVIII; Nicolás Maquiavelo



     La Nación andaría mucho mejor si todos los meses fueran de campaña. Ya ni siquiera basta con desear elecciones todos los años. Ahora es necesario esperarlas en cada estación, en cada mes, en cada día de la semana. Piénselo: durante el año pasado, año 2012, las escuelas fueron tapas de diario únicamente para temas como "Paro Docente" o "AUH y su (supuesta) relación directa con el aumento de asistencia a clases". 

     Digo supuesta no por una mera intención de solamente descreer de lo que rezan la estadísticas. Desde que por decreto se instauró su aplicación, la Asignación Universal por Hijo no dejó de colocar a docentes y directores escolares en serios dilemas éticos; a saber: para que las familias de los chicos puedan recibir el SCH (Subsidio Condicional por Hijo, tal como, a efectos de la realidad, debería ser llamado) que les corresponde, la misma debe cumplir con determinadas condiciones. 
     
     La primera de esas condiciones es ser pobre, o bien estar lo suficientemente hasta el cuello con el sueldo como para no llegar ni a cuarto de mes - razón por la cual la existencia de los SCH no debería ser motivo de alegría alguna. 

     La segunda condición - y para lo que nos toca, la última - es que los pibes cumplan con un mínimo de asistencia a clases. Ese cumplimiento se corrobora con las planillas de asistencia de cada escuela. Si el chico queda libre - se ausenta más días de los que tiene permitido - la asignación no se otorga. No importa que el pibe siga siendo Hijo. Tampoco importa mucho el épico rotulo de Universal. Lo que ocurre entonces es que queda en manos de las maestras decidir si esa familia puede seguir recibiendo las dádivas del Estado o no: a la maestra le toca elegir entre registrar el ausentismo o hacer la vista gorda a sabiendas de que esos chicos que faltan no lo hacen por perezosos sino por tener que estar laburando en la basura junto con sus viejos. Y a sabiendas de que borrarlos del sistema educativo es borrarlos del sistema de asignaciones y por ende del sistema alimenticio, lo que implica la expulsión del Sistema del Mundo.

     Por eso digo supuesta - porque siempre hay que ver cómo se fabrican los números - y por eso dediqué más de tres párrafos al asunto, aún siendo que este no era central al tema. Pido disculpas. Prosigo. Estaba con las escuelas y con eso de campaña para todos. Mi intención era llegar, de un modo u otro, al hecho de que durante el año pasado no sólo no se repararon Netbooks sino que tampoco se hizo entrega de las mismas. "Conectar Igualdad" no resultó ser ajeno al stand by político del año no-electoral. No sé de cuán público conocimiento sea esto que cuento, pero cualquier alumno de colegio público lo puede corroborar. El año pasado no hubo "Conectar Igualdad" pero ahora - ¡santas casualidades! - todos en el Ministerio de Educación corren con las planillas de asignación de equipos en una carrera contrarreloj.
     Tiempo atrás también escribí sobre cómo el actual Intendente de Luján de Cuyo, en tiempos de campaña, hizo uso de los flamantes actos de entregas de computadoras para pasear y darse a conocer por la "Tierra del Malbec". Ese "popular" justicialismo y su pícara costumbre de publicitarse usando fondos públicos. 

     Pero si todos los meses fueran de campaña, los beneficios para el pueblo - léase usuario a los ojos k-justicialistas - no terminarían simplemente ahí. Si todos los meses fueran de campaña, todos los meses habría reintegros impositivos ¡Cosa curiosa esa de arrogarse la representación de los trabajadores, cobrar por ley impuesto al mero salario, y devolver por decreto - por única vez, únicamente - el aguinaldo no al tiempo en que corresponde sino - todavía mejor - a pocas horas antes de las elecciones!

     Y después uno tiene que escuchar falsas acusaciones contra pre-candidatos en relación a sesentas miles de pesos que en realidad nadie cobró. 

P.U.T.A.


     Que se diga lo que tenga que decirse. Ahora, al parecer, todo vale y todo se permite. Años de lucha contra el machismo, para que la Honorable Presidente los derribe exhortando a quienes no piensan como Ella - hombres o mujeres, ancianos o niños, humanos todos - a someterse a la dominación humillante de chuparla.

     Eso ocurrió. Lo repito, esta vez más con mayor detenimiento para que todos lo comprendan: la Presidenta de la República Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, decidió rebatir lo denunciado por el último programa de Jorge Lanata mediante su forma favorita de relacionarse con el pueblo: por twitter. Curioso que sea el blue bird de los smartphones el medio de comunicación nacional y popular por excelencia. Pero eso es, como dicen, harina de otro costal.

     Como decía, lo que ocurrió fue que CFK publicó una seguidilla de tuits con el objeto de demostrar lo grandioso de sus políticas subsidiarias de artistas - a todo esto: lo que Jorge Lanata hizo fue documentar los millones de pesos que el Gobierno, a través del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) presidido por el Rector de la UNCuyo, Arturo Somoza, gasta en películas que nadie ve, salvo su mismo elenco y los extras - devenidos luego artistas-filokirchneristas. Entre esos tuits - y acá lo interesante - el octavo llamó particularmente la atención: "Como dijo Maradona lara, lara, lara" rezaba. El laralareo no hacía más que una obvia alusión a la democrática canción camporista. De un modo u otro que la Presidente dijo fue "que la chupen los gorilas". (Alguién debería enseñarle que no sólo las palabras son significantes.)

     No por nada a la cabeza me vienen los calificativos más comunes, ya arraigados a la enorme familia de palabras de Cristina. "Yegua". "Conchuda". "Loca". "Enferma". "Puta". Años de lucha contra la violencia de género violados por la misma persona que predica, por otro lado y sorprendentemente, acerca de lo difícil de ser mujer.

     Entiéndase - por favor: entiéndase - que con esto no se intenta insultar a nadie. La investidura presidencial queda salvada de todo insulto plasmado en esta nota, porque ninguno va a dirigido a Ella. Por supuesto, están quienes se preguntarán "¿y a quién van dirigidos?"."A nadie", es la respuesta. Al menos a nadie van dirigidos como tales (insultos). Más bien, lo que intento demostrar es la violencia que desata la violencia, y la explicités de las palabras reales. Porque "lara lara lara" puede parecer inofensivo. Pero no. Al señor que compra votos para ganar elecciones puede parecerle inofensivo. A un militante profesional puede parecerle inofensivo. Pero a una persona crítica y con conciencia social no. "Lara lara lara" es, como dicen, pasarse por el culo toda la lucha de miles de mujeres contra la dominación machista. Es un vale todo para los que gustan de tratar a CFK como una mujerzuela incapaz de hacer política por el hecho de ser hembra.

    "Que la chupen; que se arrodillen como perras los que piensan diferente y se subyuguen ante nuestra peronista virilidad". Eso es "lara lara lara".

     Tolerancia. Por sobre todas las palabras está la ausencia de tolerancia. Con toda falta de tolerancia hay una imposibilidad de Democracia. Si en algo se basan las teorías hitlerianas que pretenden explicar "este proyecto" es, entre tantas otras, en cosas como estas.

     Igualmente el décimo tuit no deja de dar qué hablar: "Junto con la nota me envió el CD de la peli. La voy a ver, después les cuento". Entonces termina resultando que ni siquiera Ella ve esas películas de nadie. Al menos no lo hace sino hasta que el Sr. Lanata se lo dice. Ella es de ver HBO, no INCAA TV. Ella es más de Game of Thrones. Es - salvo para dar el ejemplo - nacional y popular.

     ¡Mierda! Yo no pienso arrodillarme por pensar distinto.