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Queremos Paz



por Ignacio de Villafañe

No hubo banderas partidarias, tampoco una organización clara. Las marchas fueron dispersas, sin ruidosos megáfonos (al menos aquí) y con carteles hechos en casa que sólo indicaban una cosa: se trató, por completo, de ciudadanos comunes reunidos con la única regla de la espontaneidad y la orden estricta, perfectamente cumplida, de la no violencia.

Sobraron luego los que inventaron titulares como el de la “Protesta de gente bien vestida” - la de “Los ricos de Santa Fe y Callao” -, “Las marchas por Miami” o “Las convocatorias de la Oposición”; respuestas esperables de parte de aquellos que apoyan al mismo arco político que decidió transmitir por la Televisión Pública un documental sobre animales y la inauguración de una fabrica de Lacoste al tiempo en que comenzaban los movimientos – y al tiempo en que seguían: noticias sobre Estados Unidos y Mauricio Macri.


No es cuestión de ignorar la opinión de los otros: Abal Medina afirmó que cualquier marcha de izquierda convoca a la misma gente ¿Acaso estaba admitiendo que la izquierda ya no se hallaba entre sus manos, y que esta fue una protesta de eso que se les perdió o, mejor dicho, jamás tuvieron? No. Pero las palabras arrastran ideas y en aquella frase se oían los manotazos de un argumento desesperado. Víctor Hugo Morales hizo su aporte encargándose de restarle seis puntos al 46% que nunca la votó a Ella y lo hizo diciendo que, siendo así, las multitudes en las calles poco tenían de extraño, casi insinuando que no significaban nada. Alex Freyre (el famoso militante del matrimonio igualitario) comentó por Twitter que “marchar es un derecho, ser garca no” expresando, en otras palabras, que nadie debería haber tenido derecho a participar de esa marcha por tratarse a su criterio de una ejercida por “garcas”. En el resto de las redes sociales también se hizo eco de los “trajeados” (como si realmente hubieran abundado), lo que resultó ser una actitud curiosa ya que, viniendo de gente que tanto aboga por la supuesta memoria, pareció no tener en cuenta ni los zapatos con los que sus representantes pasean por sus departamentos de Puerto Madero, ni la variedad de coquetos vestidos negros, incluyendo el de lentejuelas estrenado en la Cena del día de la Industria, con que la Presidente sufre su extendido luto. El Inadi parece registrar sólo las palabras “oscuro” y “maricón”; para lo demás es sordo.

Un llamado de atención al Gobernador Francisco Pérez: aquí en Mendoza el Jueves se vivió como desde hacía varios años no se vivía día alguno en San Martín y Sarmiento, pero no sólo allí sino también en todo lo que la Peatonal tarda hasta lindar con Plaza Independencia, y a lo largo de Patricias Mendocinas y frente a la Legislatura y, en lo que a él más le concierne, sobre las escaleras y también la explanada de Casa de Gobierno; quizá para no sólo dar un mensaje a Buenos Aires sino también a estas mismas tierras, hoy tan poco federales culpa, posiblemente, de un liderazgo oficial sumiso y sometido hasta la vergüenza a quién le da de mamar.

Por su parte la Presidente humildemente no le dio importancia a lo que sucedía exclamando “yo nerviosa no me voy a poner ni me van a poner”; comentarios al margen de lo que a la fabricación de remeras concierne, pero poco coherentes con su visión manifiesta de un país temeroso (a Dios, claro, pero también un poquito a Ella). Evidentemente los grandes arquitectos egipcios reencarnados son capaces de planificar enormes movimientos nacionales y gigantescas causas populares, pero no saben reaccionar ante una respuesta social inesperada.

Se sumó entonces al Club de los Grandes Relatos una nueva socia: la Cadena Nacional de la Omisión y la Tergiversación, aliada de la de la Propaganda y el Narcisismo y férrea opositora de ladel Miedo y el Desánimo. Triste futuro puede prometérsele a los jóvenes, hoy tan calados en el eje del debate, con semejante ausencia de espíritu republicano - y ni que hablar de los grandes valores como la Honestidad y la Justicia, e incluso la ahora mal atribuible Humildad, que se hermana con el Respeto y la Tolerancia. Sin lugar a dudas se trata de eso, o bien de una incomprensión total de parte de quienes no deberían poseer tal falla; un indicio de ello es el comentario recién citado de la Presidente de la Nación: dar aviso de sus intenciones de no ponerse nerviosa es la contestación lógica a una protesta que, según Ella entendió, se alzó para decirle “Acá estamos y somos muchos, y venimos a molestarte.”. Amargamente habrá que suponer que en sus categorías del entendimiento (aludiendo un poco a I. Kant y su tesis sobre la razón) no cabe el modo de descifrar el verdadero contenido del mensaje de un pueblo cansado que salió a la calle para decir no más que “Queremos paz”.

Link de la nota en diario "Los Andes" versión en linea:
http://www.losandes.com.ar/notas/2012/9/20/queremos-668298.asp

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