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Cosas que no van a cambiar I



     Sea cual sea el año que venga, no importa: la política que caracteriza al gobierno de Cristina de Kirchner - esa cosa conocida como «kirchnerismo» - no va a cambiar. Aún cuando ocurra Moreno y Abal Medina y Marcó del Pont y Capitanich y Kicillof (y cuantos sean), esa cosa no va a cambiar.

     Es decir: abajo las esperanzas para todos aquellos que anhelaban con un período 2014-2015 menos turbulento, menos «kirchnerista» quizás, y abajo las esperanzas para todos aquellos que esperaban no tener que festejar en las próximas elecciones otra vez un triunfo de la Antártida.


     No va a cambiar por tres motivos - que podrían ser más, pero que por cuestiones prácticas aquí se van a reducir a tres -: en primer lugar, el «kirchnerismo» no nació con ninguno de los personajes nombrados, por lo que no hay razones fuertes para suponer que debería morir con alguno de ellos; en segundo lugar, el «kirchnerismo» siempre fue «kirchnerismo», a pesar de haberse contradicho a si mismo en tanto «kirchnerismo» o en tanto «justicialismo» o, en tanto lo último, en tanto «duhaldismo», «menemismo», «lopezrreguismo», «peronismo», «camporismo», «peronismo»..., siempre fue «kirchnerismo»; y en tercer (y último) lugar, nadie sabe qué es el «kirchnerismo», y eso, apuesto yo, va a seguir siendo así por un buen tiempo.

     Paso por paso. La primera de las razones (las otras dos serán tratadas en notas aparte):

     El «kirchnerismo» nació sin ellos. Dejemos a Marcó del Pont y a Abal Medina de lado. Poco importan (porque siempre importaron poco). Dejemos incluso a Kicillof de lado: de él no se podrá esperar más que noticias revolucionarias, como la revolucionaria venta de una YPF cincuentaporciento-recuperada a la patriótica Chevron, o la progresista erradicación de la pobreza vía inflación (¿o no funcionaba así?). Dicho de otro modo: de Kicillof podría hablarse, pero demasiado, así que dejémoslo de lado. Quedémonos solamente con Capitanich y Moreno. O descartemos a Capitanich: Capitanich es Menem y Capitanich es Duhalde; él es lo que sea: un «Señor Perón». Y va a ser Kirchner. Si Capitanich llega, no es para cambiar las cosas (o sí, pero al modo en que cambian esas cosas: siendo siempre peronistas).

     Así que nos queda Moreno. Moreno es (fue) INDEC...

     *(Aquí hago una aclaración que bien podría haber hecho antes: por «nacer con» no hago referencia a si el personaje estaba allí o no estaba allí cuando el «kirchnerismo» nació. No. Se trata más bien de un nacer con en el sentido de un nacer gracias a o un nacer a partir de. Con «el kirchnerismo nació sin ellos» quiero decir que ninguno de los personajes nombrados fue condición necesaria para el nacimiento del «kirchnerismo»; nada más.)

    De modo que Moreno fue INDEC. Moreno fue al «kirchnerismo» lo que es la cirugía a Mirtha Legrand, el color verde a la Coca-Cola life, los mensajes de apoyo del público a 678. Moreno fue maquillaje. Moreno fue el capitán del barco en medio de la tormenta, en una metáfora donde el país es el barco, y el «kirchnerismo» la tormenta (una tormenta anómala, desplegada en cubierta, borda adentro). Moreno fue indudablemente necesario para lo que es ahora el «kirchnerismo» de hoy. Moreno fue una pieza esencial. Pero Moreno no fue más que el abatidor de las abatidas kirchneristas. Fue maquillaje - y atrás del maquillaje la cara sigue estando, siempre -. Si Moreno se va, el «kirchnerismo» seguirá estando. 

     Todo eso en primer lugar. Todo eso, en otras palabras, sería: a pesar de los cambios nada cambiará. El «kirchnerismo» seguirá siendo «kirchnerismo». Sobre lo que respecta a cuánto puede comprender el «kirchnerismo» - o cuáles son los límites del mismo -, y qué puede entenderse por «kirchnerismo», a modo de concebirlo como posible en el futuro, se escribirá en la segunda parte.

     La segunda parte será publicada más adelante.

¿Qué era eso del «Kirchnerismo»?

     
     Disimuladamente y con la mayor naturalidad posible, diputados por aquí, senadores por allá, van formando fila en Tigre con los labios jugosos y listos para besar. En la casa de Massa el timbre no deja de escucharse. De a uno van pasando ansiosos los otrora revolucionarios frentistas-para-la-victoria, hoy pintores de culos con rouge de la vanguardia.

     Alguien debería preguntarse si es todo ello materia de sorpresa. Yo creo que no. Sorpresa debería causar ver como la misma Implacable Sociedad Argentina que no hace mucho andaba por las calles exigiendo que se vayan todos, ahora contempla con indiferencia cómo de vuelta los altos palcos políticos se llenan de corruptos, vividores, mentirosos y politituristas - término que tarde o temprano sería bueno acuñar para definir a esos especímenes tan autóctonos de los partidos personalistas, de alta laxitud ideológica y bajo contenido de escrúpulos.

     La pregunta a venir, a escucharse repetidas veces durante la próxima década ganada será una muestra más de nuestra capacidad de olvido - contradictoria para un país que en boca de su gobierno actual se muestra tan apentente de memoria -. ¿Qué era eso del kirchnerismo? dirán los aníbales fernández, los danieles scioli, los martines insaurralde. La pregunta tiene un tinte surrealista: un abandono del tiempo, un dejo de irrealidad ¿Pero no es lógico suponer que los mismos que hoy se autodenominan revolucionarios - mientras fogonean un modelo económico basado en la inflación y el capitalismo de amigos - y se autodenominan progresistas - mientras las villas continúan creciendo y la sangre y las balas no paran de correr -, mañana no tengan el menor problema en volver a contradecirse? ¿No es posible concebir que los autores de preguntas como «¿qué era eso de admirar el socialismo nacional de Mussolini?», «¿qué era eso de la Triple A?» o «¿qué era eso del menemismo?» puedan preguntar en un futuro 2015 «¿qué era eso del kirchnerismo?» sin hacerse ni mínimamente responsables?

     Las PASO desconcertaron a muchos. Ninguno de lo perdedores puede vaticinarse un alza en los resultados de Octubre. Los pocos kirchneristas auténticos que quedan saben que su única chance de conseguir un carguito para continuar viviendo a expensas del Estado es postulándose como candidatos en Base Marambio, Antártida. Otra opción es llevar la propuesta de nuestro exitoso Proyecto Nacional y Popular a países necesitados como Australia o Canadá. Pero saben que ningún caso podrán captar más de tres votos.

     Mientras tanto, Padilla - Marcelo Padilla, el bolche del diario menos bolche de la provincia - publica en MDZ una columna hablando de un kirchnerismo de izquierda, nacional, popular y democrático que, afirma, en Mendoza no tiene ni fuerza política ni estructura que lo represente. Tal vez a Padilla no le llega todavía el telegrama de la Junta Nacional Electoral, pero los resultados de las últimas elecciones en Agosto no hicieron más que decir el kirchnerismo no es de izquierda... Algo que a fuerza de notas en esta misma página me he cansado de decir.

     El kirchnerismo es personalismo puro. Es imagen, sin contenido. El kirchnerismo es ex-menemismo, ex-lopezreguismo, ex-peronismo. Es lo que sea que quiera el pueblo. Es circo cuando el pueblo quiere circo. Es sexo cuando el pueblo quiere sexo. Y si el pueblo quiere pan, es pan. Y hoy el pueblo quiere ex-kirchnerismo, por eso no son tontos los aníbales, los danieles y martines. Al fin y al cabo: ¿qué era eso del kirchnerismo?

No saber perder

     Las elecciones no siempre son elecciones. Más de una vez se aplica en la vida esa desgastada frase de "no todo es lo que parece". Los triunfos electorales hablan más sobre el pasado que sobre aquello que puede venir - los triunfos se deben a algo que el pueblo eligió, y "eligió" está conjugado en pretérito -. También las sonrisas después de la tormenta a veces se corresponden con las posibles futuras tormentas - o el posible futuro, en general - que con el desastre acabado de ocurrir.

     En este momento, a las veintiún horas y veinte minutos del lunes, la versión en línea del diario independiente Página/12 muestra como última y primera noticia a Insaurralde diciendo orgulloso "vamos a recorrer con mucha fuerza la provincia". En 678 dicen que estas elecciones solamente fueron unas PASO (sin verdadera importancia). En la cuenta oficial de Twitter de Cristina Fernández de Kirchner no hay publicaciones desde el diez de agosto. 

     Ellos se auto-convencen llamando a Massa "Candidato de Clarín". UNEN también es para ellos el "Partido de Clarín" - y si no fueran tan centralistas y se interesaran más por el Interior Federal, hasta dirían que Nicolás Del Caño y todo el Frente de Izquierda obtuvieron los resultados que obtuvieron por ser "Amigos de Clarín". Porque para ellos no hay derrota sino conspiración eventualmente triunfante. -. Es decir: ellos dicen que los otros ganaron gracias a Clarín.

     La idea del Interior Federal - en contraposición al Epicentro Unitario - no está traída por azar: los resultados se dividieron en dos y de modo acorde a dicha dualidad. Así, hubo una campaña que fue la nacional, donde Mendoza eligió legisladores, y Córdoba eligió legisladores, y Misiones y San Luis y etcétera eligieron legisladores. Y hubo otra campaña, que fue la de Cristina, donde la Presidente apostó por Insaurralde y una que otra ficha por Filmus, eligiendo legisladores para Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires.
 
     Lo interesante de la derrota de Martín Insaurralde - que es el resultado del Epicentro Unitario - es que es, si no la derrota de Cristina Fernández, cuando menos la derrota de las multi-cadenas nacionales con Ella hablando e Insaurralde figurando. Es cuando menos la derrota de las giras internacionales con el Papa saludando e Insaurralde figurando. Es la muerte del kirchnerismo. La apuesta de Cristina, derrotada. El fracaso del relato.

     Lo interesante del triunfo de la oposición - entendida en su sentido complejo, como conjunto heterogéneo de fuerzas no-gobernantes - es que demuestra que hay otra Argentina además de Buenos Aires. Hay un Interior Federal, independiente de la simplificación esquemática que pretende imponer el Gobierno.

     Pero lo más interesante de todo, es que ante tantos triunfos ajenos y tantas derrotas propias, igual dijeron ganar ¿Por qué? Quizá porque todavía pueden. No hay que olvidar que aún manteniéndose estos resultados, el kirchnerismo seguirá manteniéndose fuerte en el Congreso: las elecciones de 2009 fueron muy malas para CFK - dichas elecciones fueron las que pusieron como legisladores a los representantes que este año renuevan cargo -, y que mejorar los números de aquel entonces, aún obteniendo bajos porcentajes de electores, no debería ser tarea difícil.
  
     De modo que más allá de lo simbólico, después de Octubre, de mantenerse estos resultados, no habrá en la Política Argentina grandes cambios. El kirchnerismo seguirá teniendo una fuerza tiránica en el Congreso. La diferencia será que ahora lo hará en conjunto con una moral hecha pedazos.

     En fin: el kirchnerismo festeja porque puede. Lo que debería preguntarse, es si debe. Y es que comenzaron los años de su desgaste. Esa fuerza que en un inicio fue peronismo y luego menemismo, hoy cuenta los días para devenir en massismo. Dependerá de la capacidad que tenga de adaptarse a su propia evolución - capacidad, por cierto, característica de toda invención justicialista - en suma con la capacidad que adquiera el pueblo de comenzar a elegir como sujetos históricos - cosa que apenas pudo vislumbrarse en los sufragios del domingo -, que en 2015 tengamos un nuevo personalismo, esta vez con nombre de Intendente de Tigre, o una propuesta superadora, verdaderamente nueva, encausando la Nación.
     

Campaña para todos

"Debe cuidar mucho de ser circunspecto,
para que (...) tanto viéndole, como oyéndole,
le crean enteramente lleno de buena fe,
entereza, humanidad, caridad y religión."
El Príncipe, Cap. XVIII; Nicolás Maquiavelo



     La Nación andaría mucho mejor si todos los meses fueran de campaña. Ya ni siquiera basta con desear elecciones todos los años. Ahora es necesario esperarlas en cada estación, en cada mes, en cada día de la semana. Piénselo: durante el año pasado, año 2012, las escuelas fueron tapas de diario únicamente para temas como "Paro Docente" o "AUH y su (supuesta) relación directa con el aumento de asistencia a clases". 

     Digo supuesta no por una mera intención de solamente descreer de lo que rezan la estadísticas. Desde que por decreto se instauró su aplicación, la Asignación Universal por Hijo no dejó de colocar a docentes y directores escolares en serios dilemas éticos; a saber: para que las familias de los chicos puedan recibir el SCH (Subsidio Condicional por Hijo, tal como, a efectos de la realidad, debería ser llamado) que les corresponde, la misma debe cumplir con determinadas condiciones. 
     
     La primera de esas condiciones es ser pobre, o bien estar lo suficientemente hasta el cuello con el sueldo como para no llegar ni a cuarto de mes - razón por la cual la existencia de los SCH no debería ser motivo de alegría alguna. 

     La segunda condición - y para lo que nos toca, la última - es que los pibes cumplan con un mínimo de asistencia a clases. Ese cumplimiento se corrobora con las planillas de asistencia de cada escuela. Si el chico queda libre - se ausenta más días de los que tiene permitido - la asignación no se otorga. No importa que el pibe siga siendo Hijo. Tampoco importa mucho el épico rotulo de Universal. Lo que ocurre entonces es que queda en manos de las maestras decidir si esa familia puede seguir recibiendo las dádivas del Estado o no: a la maestra le toca elegir entre registrar el ausentismo o hacer la vista gorda a sabiendas de que esos chicos que faltan no lo hacen por perezosos sino por tener que estar laburando en la basura junto con sus viejos. Y a sabiendas de que borrarlos del sistema educativo es borrarlos del sistema de asignaciones y por ende del sistema alimenticio, lo que implica la expulsión del Sistema del Mundo.

     Por eso digo supuesta - porque siempre hay que ver cómo se fabrican los números - y por eso dediqué más de tres párrafos al asunto, aún siendo que este no era central al tema. Pido disculpas. Prosigo. Estaba con las escuelas y con eso de campaña para todos. Mi intención era llegar, de un modo u otro, al hecho de que durante el año pasado no sólo no se repararon Netbooks sino que tampoco se hizo entrega de las mismas. "Conectar Igualdad" no resultó ser ajeno al stand by político del año no-electoral. No sé de cuán público conocimiento sea esto que cuento, pero cualquier alumno de colegio público lo puede corroborar. El año pasado no hubo "Conectar Igualdad" pero ahora - ¡santas casualidades! - todos en el Ministerio de Educación corren con las planillas de asignación de equipos en una carrera contrarreloj.
     Tiempo atrás también escribí sobre cómo el actual Intendente de Luján de Cuyo, en tiempos de campaña, hizo uso de los flamantes actos de entregas de computadoras para pasear y darse a conocer por la "Tierra del Malbec". Ese "popular" justicialismo y su pícara costumbre de publicitarse usando fondos públicos. 

     Pero si todos los meses fueran de campaña, los beneficios para el pueblo - léase usuario a los ojos k-justicialistas - no terminarían simplemente ahí. Si todos los meses fueran de campaña, todos los meses habría reintegros impositivos ¡Cosa curiosa esa de arrogarse la representación de los trabajadores, cobrar por ley impuesto al mero salario, y devolver por decreto - por única vez, únicamente - el aguinaldo no al tiempo en que corresponde sino - todavía mejor - a pocas horas antes de las elecciones!

     Y después uno tiene que escuchar falsas acusaciones contra pre-candidatos en relación a sesentas miles de pesos que en realidad nadie cobró. 

P.U.T.A.


     Que se diga lo que tenga que decirse. Ahora, al parecer, todo vale y todo se permite. Años de lucha contra el machismo, para que la Honorable Presidente los derribe exhortando a quienes no piensan como Ella - hombres o mujeres, ancianos o niños, humanos todos - a someterse a la dominación humillante de chuparla.

     Eso ocurrió. Lo repito, esta vez más con mayor detenimiento para que todos lo comprendan: la Presidenta de la República Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, decidió rebatir lo denunciado por el último programa de Jorge Lanata mediante su forma favorita de relacionarse con el pueblo: por twitter. Curioso que sea el blue bird de los smartphones el medio de comunicación nacional y popular por excelencia. Pero eso es, como dicen, harina de otro costal.

     Como decía, lo que ocurrió fue que CFK publicó una seguidilla de tuits con el objeto de demostrar lo grandioso de sus políticas subsidiarias de artistas - a todo esto: lo que Jorge Lanata hizo fue documentar los millones de pesos que el Gobierno, a través del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) presidido por el Rector de la UNCuyo, Arturo Somoza, gasta en películas que nadie ve, salvo su mismo elenco y los extras - devenidos luego artistas-filokirchneristas. Entre esos tuits - y acá lo interesante - el octavo llamó particularmente la atención: "Como dijo Maradona lara, lara, lara" rezaba. El laralareo no hacía más que una obvia alusión a la democrática canción camporista. De un modo u otro que la Presidente dijo fue "que la chupen los gorilas". (Alguién debería enseñarle que no sólo las palabras son significantes.)

     No por nada a la cabeza me vienen los calificativos más comunes, ya arraigados a la enorme familia de palabras de Cristina. "Yegua". "Conchuda". "Loca". "Enferma". "Puta". Años de lucha contra la violencia de género violados por la misma persona que predica, por otro lado y sorprendentemente, acerca de lo difícil de ser mujer.

     Entiéndase - por favor: entiéndase - que con esto no se intenta insultar a nadie. La investidura presidencial queda salvada de todo insulto plasmado en esta nota, porque ninguno va a dirigido a Ella. Por supuesto, están quienes se preguntarán "¿y a quién van dirigidos?"."A nadie", es la respuesta. Al menos a nadie van dirigidos como tales (insultos). Más bien, lo que intento demostrar es la violencia que desata la violencia, y la explicités de las palabras reales. Porque "lara lara lara" puede parecer inofensivo. Pero no. Al señor que compra votos para ganar elecciones puede parecerle inofensivo. A un militante profesional puede parecerle inofensivo. Pero a una persona crítica y con conciencia social no. "Lara lara lara" es, como dicen, pasarse por el culo toda la lucha de miles de mujeres contra la dominación machista. Es un vale todo para los que gustan de tratar a CFK como una mujerzuela incapaz de hacer política por el hecho de ser hembra.

    "Que la chupen; que se arrodillen como perras los que piensan diferente y se subyuguen ante nuestra peronista virilidad". Eso es "lara lara lara".

     Tolerancia. Por sobre todas las palabras está la ausencia de tolerancia. Con toda falta de tolerancia hay una imposibilidad de Democracia. Si en algo se basan las teorías hitlerianas que pretenden explicar "este proyecto" es, entre tantas otras, en cosas como estas.

     Igualmente el décimo tuit no deja de dar qué hablar: "Junto con la nota me envió el CD de la peli. La voy a ver, después les cuento". Entonces termina resultando que ni siquiera Ella ve esas películas de nadie. Al menos no lo hace sino hasta que el Sr. Lanata se lo dice. Ella es de ver HBO, no INCAA TV. Ella es más de Game of Thrones. Es - salvo para dar el ejemplo - nacional y popular.

     ¡Mierda! Yo no pienso arrodillarme por pensar distinto.

Abrir la boca es gratis

     Es increíble lo que puede lograr la pauta oficial. Por ejemplo: con la repetición del discurso se pudo cambiar la inflación por un reacomodamiento, después todo eso se dejo atrás y se instaló la idea nueva del congelamiento, la cual fue aprovechada para darle promoción al gran logro de la década, la juventud militante, poniendo a un grupo de pendejos sin nada mejor que hacer que "mirar para cuidar" un aumento de precios que el Indec, por otro lado, dice que no existe.

     Lo mismo con la Ley de Fertilización Asistida. Se cajonea por tres años un proyecto y de repente se resuelve que en 2013 la ley sí es progresista y entonces la levantan como una bandera propia que nunca fue. Podría decirse que el tiempo era necesario, que hacía falta estudiar y evaluar las implicancias y el alcance de la ley, pero lo cierto es que sobre eso no se hizo nada, y ocurre al día de hoy que "el proyecto es ley" sin que se sepa cómo van a hacer las Obras Sociales y Pre-pagas para cubrir los costos. Es cierto que no todo se trata de dinero y que cosas tan importantes como el derecho a vivir y dar vida deban priorizarse ante todo lo demás. Pero se supone que a los representantes en el Congreso se les paga para atender hasta las cosas menos importantes, y no solamente para sentarse y sumar votos aprobando leyes progre, que de progre no pueden tener nada en tanto no sean aplicables.

     Al margen los comentarios facho que dicen que la ley desalienta la adopción. Al Pro lo único que le falta proponer es un proyecto en la legislatura para declarar a todos los pibes del orfanato como hijos de segunda opción. Eso y unos carteles grandes en todas las casas cuna con el mensaje "No se preocupen chicos: ya va haber un par de padres con la mala leche de ser infértiles, y a la vez pobres, que los va a venir a adoptar.".  Pero todo eso esta al margen.

     Lo importante acá es destacar lo siguiente: el kichnerismo es experto en hacerse el idiota. También es experto en tergiversar la verdad la verdad, pero sobre todo es experto en hacerse el idiota. Que la Ley de Fertilización haya salido tres años después de su presentación es más una vergüenza que un logro. Que encima haya sido aprobada a la ligera es una muestra de lo poco que les importa. Esto no es cuestión de encontrar siempre la contra sino de no pecar de pelotudos. De todas formas en la TV Pública de esto no se dice nada. Ahí está lo increíble.

     Ya sea para atribuirse logros que no son, o para alterar la verdad al mejor estilo Orwell, este gobierno es prácticamente un experto. George Orwell en su novela 1984 planteaba la existencia de un gobierno que a través de sus distintos ministerios controlaba con un férreo totalitarismo a su pueblo. Paradójicamente dichos ministerios llevaban nombres como "de Paz", "de Amor", "de Verdad" y "de Abundancia". Si las palabras "que haya más amor" se nos vienen a la cabeza, cayendo a salivazos desde la boca de Cristina Fernández, no es casualidad. Tampoco sería una mera casualidad recordar a aquel viejo alemán diciéndole a los jóvenes "ustedes deben ser ambas cosas: amantes de la paz y fuertes". Todos sabrán de qué alemán estamos hablando.

     Abrir la boca es gratis y está bien que así lo sea. Pero quizá se podría empezar a cobrar una tarifa extra a los que, sacando provecho, siempre dejan la boca a no más que medio abrir.




La Patria es el Orto

por Ignacio de Villafañe

     El pasado 25 de Mayo se cumplieron 203 años desde que se produjo aquella famosa revolución en la plaza frente al Cabildo con las empanadas calientes, los paraguas que nunca existieron y esos French y Beruti repartiendo cintas argentinas, coloradas o amarillas según quién sea el historiador que lo cuente. Se gastaron más de $2.700.000 para financiar un acto donde Fito Páez dio a entender que Patria Grande es Venezuela - no una pluralidad de voces de la enorme América, sino la exclusiva representatividad de Venezuela -, y Cristina Fernández interpretó un monólogo de 4.052 palabras, de las cuales 560 se refirieron al motivo del acto, y sólo 3.485 hablaron de la Década Ganada.

     "La patria es el otro" decía la Presidente, entre un párrafo que elogiaba las características humanitarias de su ganada década, y otro que realzaba la rectitud ética de su militante aversión al odio. "La patria es el otro, la patria es el otro. Es el que todavía no ha podido conseguir trabajo o que consiguiéndolo no está registrado. Es el que todavía (...) trabaja para conseguir su casa propia. El otro es es ese joven que tal vez no puede estudiar todavía porque tiene que trabajar". O sea: La patria es el orto. Es el laburo en negro, el encarecimiento de la vivienda, el déficit educativo. La patria es el orto y ya llevamos diez años de hacer demasiada patria.

     Coreográficamente y sin perder nada de tiempo Carta Abierta - el espacio comandado por González, Verbitsky, Feinmann, Laclau y Forster entre otros - publicó su Carta Abierta N° 13: "Los Justos". Con intelectualidad cuestionable, las grandes mentes kirchneristas elaboraron un texto dedicado al nuevo superstar golpista, Jorge Lanata. "Comenzamos esta carta –que a la vez es un llamado– con la fácil comprobación de cómo (...) con menos pruebas que arietes dirigidos a mansalva, ausentes los fundamentos del uso de la prueba, la investigación, el juicio sobre las leyes y el mismo andamiaje legal del país, se considera todo ello - [los cambios que implican que por primera vez en la historia nacional se discutan aspectos de la organización del Estado y la sociedad, de la Justicia y los medios de comunicación, con sentido emancipador y no restrictivo o portador de coerciones; y el darle a la idea de justicia una dimensión que logre articular lo que siempre fue prolijamente separado por los poderes económicos: la libertad y la igualdad] - fruto de un espíritu despótico, de jefes políticos que se prepararon toda una vida para llegar a la función pública mandando agrandar los cofres familiares mientras pronunciaban palabras como impuesto a la renta agraria o asignación universal por hijo."

     Es decir: para este grupo de "intelectuales" - entre comillas, porque quien subordina la verdad a los caprichos de un partido no debería considerarse como tal - no sólo es poco inteligente criticar la corrupción que parasita entre los pasillos del universo político, sino que ya es estúpido de por sí creer que pueden existir políticos corruptos. Como si pensar en la posibilidad de que un hombre mienta, conspire y transmita a los demás una falsa imagen de sí mismo sólo para ganar poder y dinero fuera infantil y fantástico. Quizá por eso desde el oficialismo aseguran que se equivocan los que dicen que la ley de Blanqueo de Capitales es una "ley del Choreo". Ni en Argentina ni en el resto del planeta existen semejantes corruptos. O al menos eso sugiere la eminente Carta Abierta.

     Después de todo el circo vino el prime time vedettista. Empezó primero (y según lo prometido) el plan Ropa Para Todos, un proyecto de Moreno para vender, ahora entrando el invierno, conjuntos a precio estándar de temporada de verano. A eso se le sumó el intento sorpresa de trasladar la estatua de Colón desde el parque frente a Casa Rosada hasta algún rincón costero en Mar del Plata. Parece que a la fashion victim de la moda occidental - entiéndase: CFK - ahora se le dio otra vez por caerle bien a la gilada jugando a renegar de su origen europeo. En fin: ahora quieren trasladar monumentos a la playa mientras a los qom los siguen moliendo a palos en Formosa, pretenden tapar con relato la realidad que los molesta. Pero "la patria es el otro".

     A la seguidilla de inconsistencias se le agregaron además tres nuevas apariciones cristinistas. Una para hablar otra vez acerca de su década ganada, en esta oportunidad en materia de cultura. Otra para lanzar el plan "Mirar para cuidar", un programa en el que la Nación financia a la militancia peronista para que vaya a los supermercados a instalar en el discurso público que los precios "están siendo cuidados". Y la tercera para desligarse de responsabilidades, acusando a los gobiernos provinciales de no invertir suficiente en seguridad pero reconociendo que para construir un parque en un municipio - o pavimentar una calle o colocar luminarias - la plata tiene que ser bajada directamente desde Nación.

     De los tres discursos el más interesante resultó ser el último, que fue pronunciado el pasado jueves en Lomas de Zamora. Fue interesante por dos motivos: expuso a la luz la concepción unitaria de administración que tiene este gobierno - las obras públicas en los distritos municipales las debe construir el poder centralizado de la Nación - y el modo represor con que considera que se debe hacer seguridad. Cristina le dijo a Scioli - a quién ni siquiera saludó por su nombre estando allí presente - sin mirarlo, que "se haga cargo" porque no le parecía justo (a la Presidente) "que las decisiones o los controles que se hacen a nivel provincial, si no se hacen bien, luego lo tengan que pagar los intendentes". Implícitamente estaba afirmando que las obras públicas, la inversión en infraestructura y la instalación del espacio público como ámbito comunitario y socializador no hacen a la seguridad - pues esos son asuntos de la Nación, según cuenta Cristina, y la Nación sobre temas de seguridad no debe hacerse responsable, según cuenta Cristina, y de todo ello se desprende que a la seguridad sólo la hacen los palos de los policías, que sí son competencia del Gobernador de la Provincia tenga o no, valga la aclaración, el flujo de efectivo que desde Casa Rosada debe administrársele.

     En fin: la patria es el orto. Es el gordo de Lanata, que ahora se tornó objeto de estudio de las más altas esferas intelectuales del país. Es el puto de Scioli, que encima de tener a la Nación en contra no hace nada de lo que le corresponde. Es el genocida de Colón, que al parecer es menos genocida en Mar del Plata que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

     "La patria es la culpa del otro". Difícilmente nos quede mucho por delante cuando los que dirigen tienen en la cabeza ese modelo de patria.