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La única verdad es el modelo

por Ignacio de Villafañe

Hay dos elementos básicos en la famosa frase de Aristóteles, hoy atribuida al mitificado Perón -a saber: "la única verdad es la realidad"- que, aunque parezcan obvios o evidentes, es necesario nombrar:  α) la Verdad, entendida como aquello que se dice que es verdad y predicada como única, y β) la Realidad, siendo esta no lo que se dice que es es verdad sino lo que se ve y se siente de manera absoluta, y sin posibilidad de error, por todos.

Los que reivindican aquella sentencia yendo a contramano de los discursos pseudoposmodernos y cuasivanguardistas de sus propios compañeros no sólo no advierten que destruyen todos sus principios de pluralidad de voces, multiplicidad de ideas y diversidad de opiniones, describiendo a la Verdad como a una totalidad singular y no como a esa construcción colectiva a la que en otras situaciones aluden verborrágicos, sino que además terminan dejándonos una tautología vacía, complicada para procesar: La única Verdad es
la Realidad ¿Y cuál es esa Realidad? La que nosotros decimos que es Verdad. Por "nosotros" me refiero a ellos, y por "ellos" a los fieles Soldados ejecutores del Modelo.

Veintitrés balas que a nadie importaron


por Ignacio de Villafañe


Hay ciertas cosas que no pueden ser más de lo que en realidad son. Un zorro, por ejemplo, puede pretender ser pájaro, comportarse como pájaro, pero a la larga terminará resultando mucho más que evidente que no se trata de otra cosa más que un zorro. Por suerte, o no, con las personas sucede lo mismo y - así como con las personas - con sus organizaciones también.

El pasado viernes 10 se conoció una noticia más que importante sobre el caso de José Ignacio Rucci, el Secretario General de la CGT que murió por la violencia de 23 disparos el 25 de Septiembre de 1973 en manos de la agrupación Montoneros, en ese entonces vinculada al gobierno, a causa de una disputa política. Nada fue más allá de lo previsible: por haber ya pasado 39 años y no tratarse de un crimen de lesa humanidad el juez Ariel Lijo archivó la causa argumentado la imposibilidad de aplicar la clausula de imprescriptibilidad solicitada y disponiendo todo para que en la historia se escriba que a Rucci no lo mató nadie. Ante situaciones así a uno no le queda más que tener fe, creer que la justicia está actuando como debe y confiar en que realmente hace todo lo que puede. La esperanza en el pueblo es lo poco que nos queda, aún cayéndose, como se cae, a pedazos.

La duplicación de los monstruos

por Ignacio de Villafañe 

"La marcha puede ser terrible 

pero nos desharemos de todos "

 Cuando Dárfenzen II observó a su compañero y notó en sus ojos el principio de las lágrimas le dijo "No temas Enobat, porque les estrecharemos las manos y los convenceremos de que son como nosotros" y entonces se adentraron luego entre las bestias a poco de desaparecer.

 En estos últimos días La Presidenta tuvo el agrado de presentarnos una serie de ocurrencias más que interesantes. Tomó gentilmente prestadas las pantallas de nuestros televisores y los parlantes de nuestras radios durante varias horas para, por ejemplo, a) dar lecciones de cómo Clarín hacía mal su trabajo desaprovechando la oportunidad de explotar una noticia que le habría bajado más de un punto a Scioli en las encuestas, b) acusar de jugar con las emociones de la gente a quienes denunciaron el escaso republicanismo con que homicidas y misóginos andan abandonando su celda para poder militar junto a agrupaciones kirchnerófilas (olvidando, aparentemente, cómo ella le echó la culpa a su viejo amigo Moyano de asesinar fríamente a los siete gendarmes que iban camino a Cerro Dragón) y c) festejar haber terminado toda relación con el neoliberalismo gracias a una nueva dosis de... neoliberalismo (en otras palabras: se aplaudió a sí misma por haber logrado pagar la "última deuda" del Corralito - el Boden 2012 - pero sin mencionar que para ello tuvo que endeudarse nuevamente). La lista podría seguir - el Kristina´s Show ya va ganando una calidad en su trama que poco tiene que envidiar a las novelas de la tarde -, pero como el mercado de columnas largas y aburridas ya lo monopolizaron los periodistas de Pagina/12 (para comprender esto, recomiendo intentar leer alguno de los artículos de Wainfeld sin doblegarse al deseo de revisar las notificaciones de Facebook durante la prueba), a mi no me queda más opción que sintetizar.

El Kirchnerismo no es de Izquierda

por Ignacio de Villafañe


En realidad yo quería ponerle otro título a esto, uno más divertido como “Todos son Batman”, aprovechando la oleada de fanáticos, en alusión a la doble vida que Bruce Wayne lleva siendo un millonario egocéntrico por un lado a fin de poder financiar, por el otro, su desinteresada lucha contra el crimen, la causa sobrehumana de quien verdaderamente es y lo único que justifica los desaciertos y la oscuridad de su existencia. Había pensado también en “El juego de las palabras”, con la intención de explicar luego cómo la idea del Modelo surge en oposición a la del mero discurso pero sin ser, en efecto, más que otro mero discurso (El Modelo pretende competir contra las clásicas promesas no cumplidas de todos los discursos políticos presentándose como el anti-palabrerío y la proyección a futuro de todo lo que ya se hizo basándose no en lo que verdaderamente se hizo sino en lo que la historia oficial dice – advertí que esto era todo un juego de palabras – que se hizo, lo que lo convierte en algo equivalente a cualquier otro discurso.) Opté, finalmente, por la vía fácil y en vez de pretender desenmascarar mentiras elegí la tarea de argumentar una verdad. “El kirchnerismo no es de izquierda” es esa verdad.

La necesidad de hacerse el pelotudo

por Ignacio de Villafañe



Como una enfermad crónica, no reconocida por médico alguno, existe una característica completamente humana que vive atada a nosotros desde tiempos incalculables, vive silenciosa en el centro de nuestras voluntades y despierta cuando quiere de manera autónoma (esto es: en el momento que sea y sin avisar a nadie). Pueden ser las tres de la mañana en pleno desvelo o, con una torre bestial de laburo, las cinco de la tarde y si se tiene que dar el caso (y así va a ser) se va a apoderar de nosotros una descomunal pero nada nueva necesidad de hacernos los pelotudos no importa ante qué - porque acá no hay problemas con el "qué" sino con el "quién": nosotros vivimos haciéndonos pasar por giles ante cualquier cosa. Quizá no lo digamos. Perdón: nunca lo decimos, pero porque no queremos; caso contrario si alquien viniera a comentarnos algo sobre la pobreza indignante que nace todos los días a diez kilómetros (o menos) de donde vivimos no responderíamos solamente con un Y... con este gobierno sino que agregaríamos un Pero yo intento ayudar haciéndome el boludo, a lo que el otro diría ¡Más vale! No queda otra. Yo también me hago el boludo. Y de todo esto no hay uno que se salve. Ni uno solo. Porque cuando no soy yo echándole la culpa al gobierno (o a todos nosotros por hacernos los idiotas) es el gobierno echándole la culpa a los medios, los medios a la corrupción, la corrupción al sistema legal, el legal al judicial y el sistema judicial a Magoya, o Rubén Choto, porque como desde hace años que en realidad no le tiene que rendir una puta cuenta a nadie tampoco mucho le importa.

¿De qué se quejan?

por Ignacio de Villafañe*

Lo siguiente es un texto de opinión expresado irónicamente**



Es indignante la repercusión que estuvieron teniendo los últimos “Cacerolazos VIP” en Buenos Aires y sus pseudo copy-paste en el resto de Argentina. Tampoco es algo a lo que me oponga por completo – todo hombre, aun aquel que no es peronista, tiene derecho a expresarse – pero ver acá y allá a mujeres todas emperifolladas, agitando carteles editados con Adobe Illustrator es inquietante ¿Quién se creen que son? ¿La Presidenta? Vistiendo tapados europeos, carteras a la moda de Invierno y botas altas divinas, lo único que les falta a estas destituyentes apátridas es salir todas de negro, con redes en la cara y luto a la inglesa, llorando por Él.