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Sufragio Universal



 por Miguel Ángel Chorizo*
Evita debió de ser una canalla. ¡Gorila! le gritarían ahora, ¡Fascista! por haber dejado pasar la oportunidad gloriosa de concederles el derecho a votar a todos - como hubiese debido hacer - y acotar sus esfuerzos, en cambio, sólo al cumplimiento de sus más personales intereses sobre el gremio de su género.  Por suerte siempre hay segundas oportunidades – la historia funciona así – y hoy tenemos en nuestras manos la renovada chance de convertir a esta en la Nación libre, justa, democrática y pluralista que siempre deberíamos haber tenido.
Corrieron los rumores hasta volverse certezas: la juventud completa por fin será participe de este proyecto de transformación, más que argentina, americana entera. No se tratará
esta vez de estupideces como una reforma educativa, un saneamiento de las escuelas o cualquier acto homenaje al paupérrimo Sarmiento, absoluto prócer del odio y la violencia. Tampoco habrá banalidades como intentos de contener a aquellos pícaros descarriados que prefieren caer en la delincuencia, la droga y el subempleo, como modo de expresar su jovial rebeldía ¡No! El cambio será en serio y será un cambio ¡Allá los golpistas denunciando la intromisión de la política en las aulas! ¡Allá los ciegos! Aquí nosotros firmes y defendiendo este modelo como nunca antes, gritando, al son de la acertada Bonafini, ¡Tenemos que copiarnos de los curas que te agarran de chiquito y a los cuatro años ya estás pelotudo! Tenemos que hacerlo porque no son horas de dejar márgenes blancos, porque así Él, Néstor, lo hubiera querido y porque para eso Él nos trajo al mundo.
No dejo de cuestionarme si, quizá, no estamos pretendiendo demasiado nada. Abiertamente confieso que me inquieta la duda de no estar haciendo lo correcto ¿Por qué pensar en un país donde recién a los 16 años de edad se pueda ejercer el derecho a opinar y sentirnos satisfechos por tan poco? ¿Acaso nos es lícito olvidarnos, como Eva, de todo un sector social para quede marginado por otras tres generaciones? ¿Qué con todos los niños de 14? ¿Qué con los que hablan a la edad de 10? ¿Qué hay con los 8, los 7, los 6? Se trata hoy de jugárnosla a por todo. Un sufragio universal plenamente universalizado. Un voto por cada argentino, nacido y vivo; otro para cada residente, visitante y buen amigo. Un código electoral digno del más nuevo mundo: ¿para qué detenerse en los arbitrarios 16, como si fueran aquellos los años donde la humanidad nace, como si antes se tratase de sólo niños tarados? ¿Es que a los 9 años aún no se puede pensar?
Es sólo cuestión de plantearlo en términos históricos. Ya tuvimos nuestra época de intolerancia y aún así ningún voto ejercido por adultos garantizó la evasión de la estupidez patria. Fueron todos mayores de 18, inteligentes y sabios, cargando en las urnas los sobres cerrados con nombres grandiosos, como los de Carlos y de Néstor, incluso Cristina. Fue la prueba de fuego, tal vez, necesaria para comprender que ya estamos listos para entregar las riendas a los únicos que no nos traicionaron ¡Muérase la falsa ilusión de la democracia! Todo será igual mientras vivamos como idiotas. Quitémonos las vendas: cambiémoslas por otras nuevas ¡Que voten todos y voten por lo que deciden los medios! Los medios verdaderos, no aquellos monstruificados, si no esos que se vierten como plasma sobre los ojos y atraviesan los nervios viralmente hasta el cerebro, reflejados en empíricas masas y en certificados cincuenta y cuatros por ciento.
Que voten a los 16 e incluso antes; que voten todos. Nada es más urgente y nada es más importante. Que esperen los derechos humanos postergados, que se mueran en el norte de olvido y de hambre. Que esperen la pobreza, la indigencia, la salud de la salud – que enfermen los hospitales -, la educación de la educación – que se embrutezcan las aulas -, los castigos a las balas, la seguridad del pueblo, los desaparecidos nuevos, los impunemente viejos… Hoy nos aguarda un gran cambio.


*Miguel Angel Chorizo es un personaje ficticio creado por Ignacio de Villafañe

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