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Abrir la boca es gratis

     Es increíble lo que puede lograr la pauta oficial. Por ejemplo: con la repetición del discurso se pudo cambiar la inflación por un reacomodamiento, después todo eso se dejo atrás y se instaló la idea nueva del congelamiento, la cual fue aprovechada para darle promoción al gran logro de la década, la juventud militante, poniendo a un grupo de pendejos sin nada mejor que hacer que "mirar para cuidar" un aumento de precios que el Indec, por otro lado, dice que no existe.

     Lo mismo con la Ley de Fertilización Asistida. Se cajonea por tres años un proyecto y de repente se resuelve que en 2013 la ley sí es progresista y entonces la levantan como una bandera propia que nunca fue. Podría decirse que el tiempo era necesario, que hacía falta estudiar y evaluar las implicancias y el alcance de la ley, pero lo cierto es que sobre eso no se hizo nada, y ocurre al día de hoy que "el proyecto es ley" sin que se sepa cómo van a hacer las Obras Sociales y Pre-pagas para cubrir los costos. Es cierto que no todo se trata de dinero y que cosas tan importantes como el derecho a vivir y dar vida deban priorizarse ante todo lo demás. Pero se supone que a los representantes en el Congreso se les paga para atender hasta las cosas menos importantes, y no solamente para sentarse y sumar votos aprobando leyes progre, que de progre no pueden tener nada en tanto no sean aplicables.

     Al margen los comentarios facho que dicen que la ley desalienta la adopción. Al Pro lo único que le falta proponer es un proyecto en la legislatura para declarar a todos los pibes del orfanato como hijos de segunda opción. Eso y unos carteles grandes en todas las casas cuna con el mensaje "No se preocupen chicos: ya va haber un par de padres con la mala leche de ser infértiles, y a la vez pobres, que los va a venir a adoptar.".  Pero todo eso esta al margen.

     Lo importante acá es destacar lo siguiente: el kichnerismo es experto en hacerse el idiota. También es experto en tergiversar la verdad la verdad, pero sobre todo es experto en hacerse el idiota. Que la Ley de Fertilización haya salido tres años después de su presentación es más una vergüenza que un logro. Que encima haya sido aprobada a la ligera es una muestra de lo poco que les importa. Esto no es cuestión de encontrar siempre la contra sino de no pecar de pelotudos. De todas formas en la TV Pública de esto no se dice nada. Ahí está lo increíble.

     Ya sea para atribuirse logros que no son, o para alterar la verdad al mejor estilo Orwell, este gobierno es prácticamente un experto. George Orwell en su novela 1984 planteaba la existencia de un gobierno que a través de sus distintos ministerios controlaba con un férreo totalitarismo a su pueblo. Paradójicamente dichos ministerios llevaban nombres como "de Paz", "de Amor", "de Verdad" y "de Abundancia". Si las palabras "que haya más amor" se nos vienen a la cabeza, cayendo a salivazos desde la boca de Cristina Fernández, no es casualidad. Tampoco sería una mera casualidad recordar a aquel viejo alemán diciéndole a los jóvenes "ustedes deben ser ambas cosas: amantes de la paz y fuertes". Todos sabrán de qué alemán estamos hablando.

     Abrir la boca es gratis y está bien que así lo sea. Pero quizá se podría empezar a cobrar una tarifa extra a los que, sacando provecho, siempre dejan la boca a no más que medio abrir.




La Patria es el Orto

por Ignacio de Villafañe

     El pasado 25 de Mayo se cumplieron 203 años desde que se produjo aquella famosa revolución en la plaza frente al Cabildo con las empanadas calientes, los paraguas que nunca existieron y esos French y Beruti repartiendo cintas argentinas, coloradas o amarillas según quién sea el historiador que lo cuente. Se gastaron más de $2.700.000 para financiar un acto donde Fito Páez dio a entender que Patria Grande es Venezuela - no una pluralidad de voces de la enorme América, sino la exclusiva representatividad de Venezuela -, y Cristina Fernández interpretó un monólogo de 4.052 palabras, de las cuales 560 se refirieron al motivo del acto, y sólo 3.485 hablaron de la Década Ganada.

     "La patria es el otro" decía la Presidente, entre un párrafo que elogiaba las características humanitarias de su ganada década, y otro que realzaba la rectitud ética de su militante aversión al odio. "La patria es el otro, la patria es el otro. Es el que todavía no ha podido conseguir trabajo o que consiguiéndolo no está registrado. Es el que todavía (...) trabaja para conseguir su casa propia. El otro es es ese joven que tal vez no puede estudiar todavía porque tiene que trabajar". O sea: La patria es el orto. Es el laburo en negro, el encarecimiento de la vivienda, el déficit educativo. La patria es el orto y ya llevamos diez años de hacer demasiada patria.

     Coreográficamente y sin perder nada de tiempo Carta Abierta - el espacio comandado por González, Verbitsky, Feinmann, Laclau y Forster entre otros - publicó su Carta Abierta N° 13: "Los Justos". Con intelectualidad cuestionable, las grandes mentes kirchneristas elaboraron un texto dedicado al nuevo superstar golpista, Jorge Lanata. "Comenzamos esta carta –que a la vez es un llamado– con la fácil comprobación de cómo (...) con menos pruebas que arietes dirigidos a mansalva, ausentes los fundamentos del uso de la prueba, la investigación, el juicio sobre las leyes y el mismo andamiaje legal del país, se considera todo ello - [los cambios que implican que por primera vez en la historia nacional se discutan aspectos de la organización del Estado y la sociedad, de la Justicia y los medios de comunicación, con sentido emancipador y no restrictivo o portador de coerciones; y el darle a la idea de justicia una dimensión que logre articular lo que siempre fue prolijamente separado por los poderes económicos: la libertad y la igualdad] - fruto de un espíritu despótico, de jefes políticos que se prepararon toda una vida para llegar a la función pública mandando agrandar los cofres familiares mientras pronunciaban palabras como impuesto a la renta agraria o asignación universal por hijo."

     Es decir: para este grupo de "intelectuales" - entre comillas, porque quien subordina la verdad a los caprichos de un partido no debería considerarse como tal - no sólo es poco inteligente criticar la corrupción que parasita entre los pasillos del universo político, sino que ya es estúpido de por sí creer que pueden existir políticos corruptos. Como si pensar en la posibilidad de que un hombre mienta, conspire y transmita a los demás una falsa imagen de sí mismo sólo para ganar poder y dinero fuera infantil y fantástico. Quizá por eso desde el oficialismo aseguran que se equivocan los que dicen que la ley de Blanqueo de Capitales es una "ley del Choreo". Ni en Argentina ni en el resto del planeta existen semejantes corruptos. O al menos eso sugiere la eminente Carta Abierta.

     Después de todo el circo vino el prime time vedettista. Empezó primero (y según lo prometido) el plan Ropa Para Todos, un proyecto de Moreno para vender, ahora entrando el invierno, conjuntos a precio estándar de temporada de verano. A eso se le sumó el intento sorpresa de trasladar la estatua de Colón desde el parque frente a Casa Rosada hasta algún rincón costero en Mar del Plata. Parece que a la fashion victim de la moda occidental - entiéndase: CFK - ahora se le dio otra vez por caerle bien a la gilada jugando a renegar de su origen europeo. En fin: ahora quieren trasladar monumentos a la playa mientras a los qom los siguen moliendo a palos en Formosa, pretenden tapar con relato la realidad que los molesta. Pero "la patria es el otro".

     A la seguidilla de inconsistencias se le agregaron además tres nuevas apariciones cristinistas. Una para hablar otra vez acerca de su década ganada, en esta oportunidad en materia de cultura. Otra para lanzar el plan "Mirar para cuidar", un programa en el que la Nación financia a la militancia peronista para que vaya a los supermercados a instalar en el discurso público que los precios "están siendo cuidados". Y la tercera para desligarse de responsabilidades, acusando a los gobiernos provinciales de no invertir suficiente en seguridad pero reconociendo que para construir un parque en un municipio - o pavimentar una calle o colocar luminarias - la plata tiene que ser bajada directamente desde Nación.

     De los tres discursos el más interesante resultó ser el último, que fue pronunciado el pasado jueves en Lomas de Zamora. Fue interesante por dos motivos: expuso a la luz la concepción unitaria de administración que tiene este gobierno - las obras públicas en los distritos municipales las debe construir el poder centralizado de la Nación - y el modo represor con que considera que se debe hacer seguridad. Cristina le dijo a Scioli - a quién ni siquiera saludó por su nombre estando allí presente - sin mirarlo, que "se haga cargo" porque no le parecía justo (a la Presidente) "que las decisiones o los controles que se hacen a nivel provincial, si no se hacen bien, luego lo tengan que pagar los intendentes". Implícitamente estaba afirmando que las obras públicas, la inversión en infraestructura y la instalación del espacio público como ámbito comunitario y socializador no hacen a la seguridad - pues esos son asuntos de la Nación, según cuenta Cristina, y la Nación sobre temas de seguridad no debe hacerse responsable, según cuenta Cristina, y de todo ello se desprende que a la seguridad sólo la hacen los palos de los policías, que sí son competencia del Gobernador de la Provincia tenga o no, valga la aclaración, el flujo de efectivo que desde Casa Rosada debe administrársele.

     En fin: la patria es el orto. Es el gordo de Lanata, que ahora se tornó objeto de estudio de las más altas esferas intelectuales del país. Es el puto de Scioli, que encima de tener a la Nación en contra no hace nada de lo que le corresponde. Es el genocida de Colón, que al parecer es menos genocida en Mar del Plata que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

     "La patria es la culpa del otro". Difícilmente nos quede mucho por delante cuando los que dirigen tienen en la cabeza ese modelo de patria.

     

Sobredosis de Relato

     «Yo no creo en los corruptos pero que los hay, los hay». Es decir: «Yo no creo en la economía informal que genera el tráfico de drogas, la trata de personas, la evasión impositiva, las coimas aduaneras..., pero que dólares hay, los hay».

     Quizá eso fue lo único que le faltó aclarar al revolucionario comité económico -compuesto por los revolucionarios Del Pont, Kicillof, Echegaray, Lorenzino y Moreno - mientras daba cuenta de su revolucionario proyecto de ley para legalizar los revolucionarios fondos hasta hoy jamás revolucionariamente declarados. Eso y un spot publicitario al mejor estilo fútbol para todos diciendo «Ahora podés blanquear tus capitales en el Banco Central de la República Argentina sin tener que atravesar los contraproducentes procesos de control». Y claro: un cierre con fondo cian y letras blancas diciendo «Argentina, un país con buena gente». Así es la Revolución.

     Los Certificados de Depósito para Inversión (Cedin) y los Bonos Argentinos de Ahorro para el Desarrollo Económico (Baade) son, por ende, medidas revolucionarias. Son la consecuencia directa de una Nación conformada con exclusividad por buena gente y que hoy puede darse el lujo de no tener que andar por ahí dudando de la honestidad de quienes quieran declarar buenos dólares obtenidos mediante el buen acatamiento de las leyes. Eso es el producto de diez años de una gestión basada en el amor.

     Debería entenderse, casi al margen, que no es que la pesificación de la economía haya fracasado, no es que haya un desdoblamiento cambiario de facto, no es que la caja se este achicando y no es que YPF se este yendo pique y ande necesitando una inyección de viagra con la cara de Benjamin Franklin para reactivar su poronga argentina. Obviamente no es nada de eso. Debería entenderse que salir a pedir fondos a los distribuidores de merca, a los coordinadores de putas y a los traidores a la patria no es una medida desesperada. No. Es una decisión tomada en un marco de estabilidad financiera y fortaleza estatal sin precedentes.

     Los kirchneristas, al fin y al cabo, habrán considerado que ya era momento de cambiar los paradigmas sobre los que construyeron su década ganada. El ciclo de los descamisados «ya fue». Ahora es momento de beneficiar a los ricos ¿Quiénes, si no, podrían comprar tan generosos bonos? Nadie supuso probable ver a un obrero de Ciudad Evita tocando la ventanilla del BCRA para pedir un Cedin ¡Para La Matanza el IVA! La exención impositiva será de Puerto Madero.

     A buena hora, mal que pese, vienen por fin a dar una idea de lo que entienden por «progresismo». Hubo tanta Carta Abierta intentando dar las pruebas de la pertenencia de Cristina a las tribunas de izquierda. Y hoy ya pueden ver - tanto González, como Foster o Feinmann -, por fin, las demostraciones prácticas de sus especulaciones ¡Este es, en efecto, el Gobierno de los Derechos Humanos! ¡Aquí se bajan cuadros y se pinta con blanco el dinero negro! (Y se habla, de yapa, de «narcosocialismo».)

     .«Yo no creo en el relato pero que lo hay, lo hay».

     

Otra vez marchan


por Ignacio de Villafañe

     Las manifestaciones del Jueves fueron el producto del descontento. Si todas las consignas llevaban un «No» - si todos salieron a las calles para decir «No»: «no a la corrupción», «no a la prohibición», «no a la totalitarización», «no al etcétera» - se debió, precisamente, a la naturaleza negativa propia del descontento. Porque el descontento es el producto de la falta de algo. En particular, el descontento del Jueves fue el producto de la falta de atención. No fueron ni la restricción a la compra de dólares - que un sentido más profundo, y jamás sugerido por el seisieteochismo, es una restricción al decimocuarto artículo de nuestra Constitución Nacional -, ni las políticas subsidiarias mal implementadas, ni la impunidad de la alta clase santacruceña, ni la banalización del verbo «democratizar» los motivos de las marchas. Es decir: fueron, pero como motivos secundarios, como signos mediante los cuales quienes se manifestaron expresaron su querer manifestar primario. 

     Ese querer manifestar no era (es) otra cosa sino una necesidad: la necesidad de ser reconocidos, de ser alguien, de poder manifestar. Las marchas fueron la reacción de un pueblo que sentía la prohibición implícita - en el discurso oficial - de su derecho a marchar; fueron la respuesta práctica a un Gobierno que atribuye el poder de la verdad sólo a las grandes masas, que afirma que las calles son del pueblo y que sólo el pueblo va a las calles: lo demás es cipayada. Por eso las multitudes descontentas golpearon las cacerolas fuera de sus casas. Lo hicieron para mostrar que también eran (son) pueblo. «Ni cincuenta y cuatro ni cuarenta y seis: Argentina al cien por cien», eso fue (es) lo que dijeron (dicen). Es un error, por ende, pensar que los reclamos estuvieron vacíos de contenido. Eso es no saber interpretar a las masas – y, valga la aclaración: no saber interpretar a las masas es no saber ser peronista.

     El discurso hegemónico

     El pseudo-periodismo faldero de Página12, mientras tanto, intenta manipular la interpretación de lo ocurrido. Horacio González, flamante sociólogo gagá y Director de la Biblioteca Nacional, expuso en una columna de ocho largos párrafos su refutación a la idea de que las multitudes representan a los pueblos. Por años siempre se reivindicó a Perón por la legitimidad que le dieron las masas en las calles. Luego el justicialismo adoptó esta concepción de democracia y desde Menem hasta Kirchner y Fernández - desde el Turco hasta el Tuerto y la Vieja - el pejota siempre gastó fortunas para trasladar a su masa no-trabajadora, a sus militantes rentados mediante trabajos de cuarta en los municipios, a sus barriadas dominadas por punteros corruptos hasta Plaza de Mayo sólo para demostrar que con ellos siempre estuvo el pueblo. Pero hoy, que el pueblo ignorado se despierta, que autodeterminado sale a las avenidas para reclamar su identidad, esa lógica de la fuerza de los números comienza a ser revisada

     Bienvenido sea el revisionismo. Es cierto. Pero llama la atención el oportunismo con que nace.

     Como contrapartida surge un planteo sociológico que Horacio González casualmente no hizo. A Clarín siempre se le atribuyó el gran poder de manipulación de la opinión pública, de imposición su propio lenguaje por sobre y entre la sociedad. Esta afirmación no es del todo falsa salvo porque siempre se acusó a Clarín - y al grupo de medios manejado por Héctor Magnetto - de ser los detentores exclusivos de ese poder. El Jueves se demostró por tercera vez que tal exclusividad no era cuando la sociedad debió ajustar su comportamiento al lenguaje del otro gran ente dominante: el Gobierno. El Gobierno redefinió a fuerza de repeticiones el concepto de pueblo. Lo hizo a través de sus grandes cadenas y sus penetraciones constantes, por medio de la propaganda, en las cabezas de la gente. Lo hizo imponiendo su visión particular del mundo a la pluralidad argentina. Lo hizo aplacando la diversidad. «Pueblo es aquél que toma las calles». «Las calles son del pueblo». «El pueblo está en las calles». Por eso cuando millones de argentinos salieron a protestar en contra del Gobierno, la respuesta oficial no pudo ser más que un titubeo unánime. «Ellos no son pueblo, son caceroludos». «Ellos no son pueblo porque son la derecha». «Ellos no son nada». Después el titubeo.

     Algo a tener en cuenta: las marchas del #18A - y las del #8N y las del #13S - surgieron no en la comodidad televisable del Estadio de Vélez Sarsfield, o en la sola cuadratura de Plaza de Mayo, sino de Norte a Sur, desde la Quiaca al Fin del Mundo y de los Andes al Atlántico, por toda la superficie Argentina. Pretender reducir su magnitud hablando de dispersión y declive en la convocatoria es una imbecilidad. Quien no entienda la diferencia entre hablar de millares y millonadas no debería tener voz autorizada para opinar sobre matemática. Por eso mismo el Gobierno busca apañar el trending topic con mentiras y silencio: porque las marchas fueron, como expresión popular, muchísimo más legítimas que cualquier choripaneada conocida entre militantes de Unidos y Organizados, y eso es algo que cuesta reconocer.

     Partidizar hasta las macetas

     También argumentan falazmente quienes dicen que las marchas carecen de importancia porque no hubo partido político que las represente ¡Cómo si para todo tuviera que levantarse una ONG que personifique a las ideas! La lógica perversa de los partidos es una lógica de la que el justicialismo hace años viene sacando provecho. Por eso no es casualidad que ahora reclame su aplicación hasta por sobre las manifestaciones populares. Como tampoco es casualidad, dicho sea de paso, que ahora pretenda también ajustar a la misma al Poder Judicial. Que todo un pueblo también se alce en contra de esa manera retrógrada de hacer política es más que razonable.

     En resumen: las marchas demostraron que hay mucho pueblo suelto sin ser considerado como tal, y que esa contradicción lo está irritando. No es odio – no toda irritación es odio – ni tampoco amor – no todo debe reducirse la simpleza maniquea de creer que lo que no es odio es amor -. Es irritación como reacción ante una molestia. Es reacción como comezón. Es comezón como prurito. Y es prurito como lo que literalmente es: un deseo persistente y excesivo de hacer algo de la mejor manera posible. El costo político de no atender a estos síntomas se paga muy caro.

Las otras intenciones


por Ignacio de Vilalfañe

     Que no vengan estos salames a darme clases de democracia. A decirme que en Venezuela ganó el pueblo y que el cincuenta y cuatro por ciento es acá el producto de la voluntad de las masas. Que ni siquiera intenten venderme como verdaderos esos cuentos baratos sobre la legitimidad de nuestro gobierno. Más aún: piénsenlo bien dos veces antes de asegurarme que realmente somos nosotros los que elegimos a nuestro gobierno. Como si para colmo de males hiciera falta que un montón de trajeados con aires de líderes populares me vengan a tomar por pelotudo. Como si no supiera bien lo que son capaces de hacer para ganar unas elecciones. Como si existiera fin alguno capaz de justificar semejantes medios.

     Y no necesito el fallo de un juez para estar seguro de saber lo que ya se. Ni tampoco las confesiones de un Larroque o un Fernández para dejarme tranquilo ¡Como si ahora hiciera falta una carta documento, firmada por Presidencia, para poder certificar que en el Norte se lleva al pueblo olvidado durante el resto del año a votar como ganado! ¿¡O es que alguien necesita ver otra cámara oculta filmando a los colectivos y las traffics, con el puntero en la puerta, entregando las boletas y cantando sus promesas de dinero!? ¿Y entonces van a pretender dar cátedra sobre democracia? Si demócratas fueran creerían en el pueblo y si en el pueblo creyeran no lo andarían convenciendo a costa de caramelos, tratándolos como pelmazos o ignorantes de poca monta.

     Es que yo mismo vi el fraude por todas partes. A kirchneristas haciendo cola para votar en las internas radicales. A los políticos yendo a las escuelas para ofrecer cincuenta pesos a contraprestación de un voto. Por eso es que cuando Filmus sale a decir en Tiempo Argentino que el triunfo de Maduro significa la confirmación del apoyo del pueblo al difunto comandante se me hierve la sangre. Por eso cuando los escucho hablar de amor - «este es un gobierno de amor» - me dan ganas de meterles, con cariño, sus globos de corazón en el medio del orto ¡A mi que no me vengan a vender espejitos de colores! Ya bastante tuvimos con los viejos españoles como para que ahora lleguen estos a reinstalar el discurso de que las democracias justas se forjan con el número y la fuerza ¿O no es así? ¿O alguien cree que los indios hubieran tenido mayoría suficiente como para impedirle a un Congreso que Roca los desterrase del Desierto? Entonces no me vengan con democracias berretas. Esas democracias de cuarta guárdensela a los imbéciles - quizás ellos se las crean y hasta vayan a aplaudirlos, quizás, en Plaza de Mayo.

     ¿Entonces, después de todo, tengo que morfarme el título, sin quiera masticarlo, que le ponen a su intento de "democratizar la Justicia"? Yo me pregunto además si es que existe una esencia, algún carácter común en las personas o si bien cualquier idiota es, por cuestiones del azar, susceptible a tragarse esos chistes para bobos. Ladrones de guante blanco hablándonos de Justicia. Millonarios y opulentos hablándonos de Justicia. Opresores imperiófilos hablándonos de Justicia. Corruptores de las leyes, vanidosos del poder y mentirosos de oficio hablándonos de Justicia. Como si con tomarnos por bebés de pecho no les bastase: nos pretenden embaucar además con leche de teta agria.

     Y viene el 18A - o #18A, o «Dieciocho A» - y nadie tiene idea de qué quiere decir eso. Es decir: se tiene mucha idea pero para el discurso oficial nadie tiene idea, o nadie marcha, o ¿hay una marcha?. Para el oficialismo el 18A no existe porque las calles y las marchas son propiedad del pueblo y nadie que no este con ellos puede ser pueblo. No hay posibilidad de que hayan minorías reclamando ser escuchadas como tales. Las minorías tampoco existen. Salir a copar las avenidas para luchar por la Justicia, para que noquede subordinada a las eventualidades de las coyunturas políticas, es cosa de caceroludos. La tolerancia así se construye.

     De modo que ya basta con tantas palabras flacas; con tanto fútbol-cortina de los Spots Para Todos. Ni se les ocurra asomarse a mi puerta para venderme esa concepción tergiversada con la que bastardean a la Democracia. A mi que no me vendan democracias. A mi que me las muestren. Que vayan ellos mismos a los Hospitales Públicos a hacerse atender; que vayan y entonces quizá después crea que la justicia social existe. Que manden a sus hijos a las Escuelas Públicas para hacerlos aprender; que los manden  y entonces quizá crea que la inversión en educación se hizo. Que cobren ellos mismos lo que cobra un profesor, lo que cobra un enfermero, un policía o cualquier trabajador y quizá, siendo así, me convenzan de que la igualdad en verdad existe. Mientras tanto no me vengan con eso del «amor» y la «memoria»; a mi las palabras lindas, así solas, no me sirven.

Todo va a quedar mal



por Ignacio de Villafañe


     A los políticos les falta capacidad de reacción. Pareciera que cuando les llega el momento de actuar no pueden hacer más que paralizarse y protestar diciendo ¡No! ¡Problemas reales! ¿Qué puedo hacer yo? Nadie salió a mostrarse verdaderamente preocupado por los chicos que quedaron sin techo bajo el cual dormir, las familias que, en varios casos, perdieron lo poco que tenían, los viejos que no tuvieron más opción que comenzar a agonizar o los cincuenta posibles muertos - o cinco, o cien, (el número no importa) - además de los cincuenta y nueve ya oficialmente confirmados. Eso sí: todos salieron a mostrarse.

     A Cristina la habrían abucheado por igual tanto si iba recorrer personalmente las calles hechas pedazos de La Plata como si no. Todo va a quedar mal. Y no es una cuestión de rutinas de gataflorismo social sino de algo verdaderamente serio. Cuando los problemas de las lluvias comenzaron Cristina no dijo nada. Ella estaba entonces en El Calafate, su lugar en el mundo, mientras lo único que se inundaba era la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No dijo nada por tres motivos: 1) la Ciudad no era de Ella, sino de Macri; 2) debía darle tiempo a los medios para-oficiales para instalar el tema de la «ausencia por vacaciones» del Jefe de Gobierno porteño en la opinión pública; 3) ocho muertos, al parecer, no era todavía cantidad suficiente cómo para encargarse del asunto con urgencia. Horas después las noticias empezaron a llenarse con el agua de La Plata y ya entonces se volvía difícil mantener el «Plan A» - dejar que la corriente fluya e inculpar de todo a Macri - vigente. El «Plan B» resultó ser mucho más rudimentario: «Muchachos, el caso es grande. Saque rédito político quien pueda»; y así se hizo. Cristina viajó para visitar a los damnificados pero demasiado tarde. Llegó al lugar de Scioli en el mundo para que una multitud, convencida de que el olor a humedad y mierda no se iba poder quitar con Cadenas Nacionales, le demostrase que el título de Abanderada de los Humildes sólo puede caberle entre las herméticas paredes del Salón de las Mujeres del Bicentenario de la Casa Rosada, no en otro lugar.

     El diputado Larroque también decidió no perder el tiempo y puso en práctica una idea genial: apropiarse de una causa solidaria popular para venderla como propaganda partidaria. Cuando Juan Miceli, el conductor de Visión 7, programa de noticias de la TV «Pública», le preguntó durante la transmisión en vivo  de una entrevista vía satélite a Andrés Larroque por qué había militantes con pecheras de Unidos y Organizados repartiendo la recaudación de una colecta que fue realizada con aportes de vecinos que eligieron actuar de manera anónima, el diputado en lugar de contestarle trató de darle una lección. Concretamente le dijo «Te agradezco la pregunta, no creo que aporte mucho [pero gracias]» para después dirigirse a Agustina Diaz, quien conducía el programa junto a Miceli, y agregar «explicale a tu compañero y decile que lo esperamos acá a la tarde para que venga a ayudar». Lo que el diputado no entendió, o prefirió simular que no entendió, fue que le estaban efectivamente preguntando, no que lo estaban increpando.

     Los medios para-oficiales eligieron seguir el mismo juego de desentendimiento que Larroque: Pagina/12 optó por no tratar el tema y en cambio siguió insistiendo con la instalación de la «ausencia por vacaciones» de Macri en la opinión pública; Tiempo Argentino, en cambio, le dedicó columnas de opinión - incluyendo la editorial - a intentar demostrar que nada tienen de malo las pecheras porque Cáritas lo hace, la Cruz Roja lo hace y Canal 13 también lo hace - «de eso se trata la Responsabilidad Social Empresaria» rezaba el editorial de ayer -. Lo que nadie nombró fue que los militantes recién empezaron a usar las pecheras al momento de repartir lo recolectado, y no sólo eso sino que, además, llegado tal momento no dejaron a nadie que no tuviera el uniforme de Unidos y Organizados acercarse a ayudar. La Solidaridad, cuando se la utiliza como resorte de intereses egoístas, deja de ser solidaria. Larroque no le respondió a Miceli que si alguno de los que había colaborado decidiera acercarse a seguir dando una mano, pero vestido con la remera del Pro, iba a poder hacerlo. Se limitó a argumentar - con la pobreza intelectual que ya lo caracteriza - que sí podía pedirle, si Miceli eso quería, a todos que se sacaran las pecheras pero que no entendía cómo eso podía cambiar algo; y lo hizo así para evitar confesar que para él ayudar era un tema secundario.

     La Estrella del Circo resultó ser Ofelia Wilhelm, la madre de Ella. Ofelia hizo su primera entrada cuando Cristina se detuvo entre los vecinos de La Plata, su pueblo herido, su pueblo agobiado - sus queridos descamisados - para contarles cómo Ella sabía lo que era perderlo todo y cómo Ella era tan común como cualquiera porque la casa de su madre también estaba llena de goteras. Cuando finalmente Editorial Perfil dio a conocer que Ofelia se terminó trasladando a Olivos la farsa llegó a su climax. El Secretario General de la Nación, Oscar Parrilli, salió a desmentir la primicia con una curiosa lógica oficial: «la familia Kirchner es de clase media» manifestó. La desmentida fue desmentida más tarde por vecinos de Ofelia y guardias de Ofelia, y por la no aparición de Ofelia en la casa de Ofelia. Sea lo que sea cierto, Parrilli dejó picando algunos interrogantes sobre la mesa: ¿es que ahora el oficialismo considera que la Clase Media no es ese demonio oligárquico-cipayo de los tiempos del 7D? ¿Es que vivir en Olivos es propio de la despreciable Clase Alta? ¿Pensarán lo mismo sobre Puerto Madero y demás?

     Mientras tanto la ciudad de La Plata está mas atestada de políticos que nunca. Todos quieren figurar. Cuando a Cristina le preguntaron cuál era su opinión acerca de la participación de los jóvenes en las campañas solidarias para con los perjudicados de Tolosa, Ella no tuvo mejor idea que calificar esa participación de la juventud como un logro propio, de su gestión y su kirchnerismo. Juan Carr, de Red Solidaria, destacó por otro lado la participación de jóvenes tanto independientes, como radicales, justicialistas, del pro o kirchneristas. Pero Ella se agradeció a Ella misma. Oportunismo, no se trata de otra cosa.

Fe Ciega

por Ignacio de Villafañe


     Llegan tiempos difíciles y todos los mejores meteorólogos, astrólogos y consultores independientes coinciden en lo mismo: va a hacer falta tener fe. Cristina por las dudas ya viajó hasta Roma para redimirse frente al nuevo heredero de San Pedro porque «todo vale en pos del pueblo», hasta cambiar de moral y ponerse a chupar medias debajo de las sotanas.  De este lado del charco, mientras tanto, el flamante buró de economistas integrado por Marcó Del Pont, Kicillof, Moreno y Echegaray estuvo haciéndose cargo de los problemas terrenales: dólares más, dólares menos, otra vez la historia de los créditos de corto plazo y unas cucharaditas de ley antiterrorista -para agregar a gusto -. Para las sobras no hubo otra cosa más que una nueva sobredosis de Argentina Igualitaria: algo de homofobia en San Isidro y un poco de represión docente por el Chaco, casi como de costumbre; como música de fondo se ensamblaron las marchas del 24 de Marzo - Día de la Memoria, Verdad y Justicia - a las que, según algunos cuentan, asistieron Mariano Ferreyra, Carlos Fuentealba y Julio López tomados de la mano y compartiendo un chori; dicen también que cuando les preguntaron qué andaban haciendo Julio tomó la palabra, contestó que pasaban para ver qué onda y siguieron caminando. Cosas de la vida.
     El pasado 18 de Marzo CFK se acercó al Vaticano en medio de un huracán de especulaciones sobre cuál iba a ser su nueva máscara ante la presencia de Bergoglio. La imagen de la Jefa saludando al Sumo Pontífice fue toda una puesta de contradicciones en escena. Fue el encuentro  entre la dama de negro vestida de pies a cabeza con opulento estilo europeo - americanismo cero - y el obispo de humilde túnica calificable entre por debajo de lo papal y apenas por encima de lo mendigante franciscano; fue la opulencia de un aristocrático mate de plata y la sencillez de un «yo lo tomo amargo, pero...». Cristina no sabe reaccionar ante verdades simples; de pobreza quizás pueda hablar mucho pero de austeridad no entiende nada. Ante todo esto surge una duda difícil de aclarar: ¿por qué una presidente - como es Ella - tan pendiente los medios de comunicación, los relatos y la construcción colectiva de sentido a través de los símbolos eligió presentarse con todo ese primer mundismo de Puerto Madero ante la nueva máxima figura popular de la humildad?; es decir: ¿qué mensaje pretendió transmitir CFK? Existe, claro, la posibilidad de que haya sido no mucho más que un mero acto fallido, una inevitable verdad sacudida al Sol: la Presidente, de humilde, no tiene ni los tacones.

     Persignaciones mediante, acá Echegaray se las arregló para entretenerse con cosas más importantes. El titular de AFIP aprovechó el fin de las vacaciones - la baja en la temporada de los affaires políticos en Miami - para aplicar su nuevo impuesto libre de Congreso: un recargo de 20% a las compras con tarjeta en territorio extranjero. La perla mediática salió a flote cuando un grupo de periodistas lo increpó en la calle para que los asesorase en un asunto técnico-existencial: ¿Ese mismo 20% también se aplica a, por ejemplo, los paquetes turísticos con destino a Malvinas? Echegaray diciendo que sí, Echegaray diciendo que no, Echegaray diciendo que las Malvinas son argentinas para las Cadenas Nacionales, pero para la AFIP, que se encarga de materias tangibles, no.

     No a mucha distancia de la Gestapo fiscal – ahora, además, también cipaya - el espíritu del reacomodamiento de precios se acercó a la oreja del Doctor en Carnicería Económica, Guillermo Moreno, para contarle un secreto sobre algo que hace rato venía temiendo: se viene el desmadre. Recetas cortoplacistas a la carta, una pizca de nacionalismo, dos de socialismo y como resultado queda uno de sus mejores proyectos: la «Supercard», un híbrido de nomenclatura yanqui y tradicional folk capitalista argento. - Fe, a estas alturas, ojalá nos sobre. - El kirchnerismo está plagado de esos no-se-qué que le permiten conciliar sus discursillos de izquierda hechos para la gilada con el capitalismo financiero y el consumismo alienante por los que tantos suspiros ciertamente pierden. Moreno ahora lanzó su propia tarjeta - o «card» para los nac&pop - y la tramoya no es difícil de explicar: el doctor propone colocar un plástico con un costo de financiamiento dos puntos por debajo del que tienen las tarjetas ordinarias, lo que implicaría un gran ahorro para los supermercados - y demás negocios del rubro - y quizá uno que otro ingreso extra para el cofre del Estado. El plan persigue estirar el congelamiento de precios cuanto aguante y evitar la explosión antes de las elecciones legislativas de un posible remake del último rodrigazo peronista - dicho a secas: un ajuste - consecuencia de una pésima política cambiaria siempre a favor de los ricos y en perjuicio de los pobres. Kirchnerismo al palo.

     De la Ley Antiterrorista no hay mucho para decir. Parece ser que la Sociedad Rural Argentina y la Gestapo Fiscal salieron a tirarse de los pelos y cuando la última pretendió cobrarle a la primera los impuestos que debía, la primera se puso a especular en público sobre las intenciones del Gobierno de aplicar la ley más progresista de la era K para apretar a los exportadores sojeros. - Pelea de gatos de la alta sociedad. - Lo que es interesante es analizar la cadena que se arma: porque existe una ley antiterrorista la SRA puede quejarse de la AFIP, que por estar buscando efectivo de modo desesperado para emparchar los desastres políticos del BCRA en manos de Marcó Del Pont no solo salió de golpe a efectuar un raid de cobranzas sino que también llegó admitir de facto sus dudas acerca la soberanía argentina sobre Malvinas que, dicho sea de paso - ya entrado el tema de la soberanía - trae a colación la primicia de Base Orcadas y el desabastecimiento que sufren los investigadores argentinos en la Antártida, abriendo las preguntas sobre cuánto nos encargamos de los territorios que declaramos nuestros hasta qué punto somos patriotas más allá de las palabras, todo en medio de tantas horas de Cadena Nacional y spots en FPT gastadas para manifestar las intenciones de Ella de traer de regreso aquellos cerebros fugados durante los años noventa y revalorar la capacidad técnica y científica - antes subestimada - de la República.

     La frutilla del postre llegó con el Día de la Memoria: marchas por todo el país cubiertas por banderas políticas de todos los colores para conmemorar a las víctimas de los tiempos nefastos que nos propiciaron Videla y el resto de su Liga Extraordinaria, militantes de la vida secuestrados, torturados, ultrajados, violados y asesinados hace treinta y siete años, espíritus nobles que lucharon para que finalmente hoy, en la primavera de la dékada ganada, los nuevos militantes siguieran desapareciendo y se moliera a palos a los docentes que reclaman no otra cosa que un salario digno. En San Isidro un grupito de maricones imbéciles molió a trompadas a un homosexual diciéndole «si el Papa es argentino vos no podés ser gay», y en el Chaco - como para dar el ejemplo de lo que significa «tolerancia» -, reprimieron a los trabajadores de la educación diciéndoles (a porrazos) «si los legisladores cobran bien y los oficiales del Gobierno cobran bien, ustedes no pueden cobrar bien». Los dos hechos entre sí son muy diferentes pero en algo se conectan: ambos prueban que hoy, en Argentina, la Memoria sólo se usa para bajar cuadros.

     Oremos.